jueves, 16 de junio de 2011

Odiosas comparaciones

Fue uno de esos encuentros totalmente fortuitos. Dentro de esta categoría solo existen dos clasificaciones posibles: los que te alegran y los que no. Este era de los segundos, en una escala de entusiasmo que todos podáis entender hubiese preferido que el tranvía me atropellase lentamente antes que encontrármela a ella. El caso es que yo estaba en la Fnac, canturreando algo mientras miraba un libro muy caro con un titulo tentador “la simbología en la pintura” y soñaba despierta pensando lo bien que estaría poder comprarlo cuando apareció ella. Apareció de la nada, sin avisar, sin anestesia, a traición. Toda sonrisas y frases cariñosas. Ella, que mientras fuimos compañeras de clase no se había dignado ni a escupirme a la cara. Ella, que me era totalmente indiferente. Decir que me sorprendió aquella reacción tan amistosa sería casi un eufemismo, pero como no hay una manera mejor de describirlo sin usar palabrotas dejaremos mi reacción en sorpresa. Elegancia ante todo.


-¡Hola Conchi!


Odio que me llamen Conchi, o Conchita. Mis padres no me pusieron este nombre para empeorarlo aún más. Sonrio, una de esas sonrisas con demasiados dientes que en realidad significa que esperas que el infierno se abra y te trague. De inmediato me doy cuenta que esto no se va a limitar a un saludo formal con su correspondiente “me he alegrado mucho de verte” y su mutis. No tendré tanta suerte, se ve a la legua que quiere charla. Sonríe acarameladamente y después de soltar la ristra de formalidades habituales en estos casos dispara sus autenticas intenciones a bocajarro.


-Oye, me he enterado de lo tu libro. ¿Qué bien, no?¿Como lo llevas?


Nueva sonrisa forzada, mismo deseo de que me caiga encima un piano. No me pregunto como sabe eso, forma parte de ese tipo de personas que siempre está al tanto de todo sobre todo el mundo. No quiero hablar del tema hasta que sea cosa hecha porque sería vender la piel del oso de antemano y con ella eso podría tener como consecuencia futuros terceros grados. No, antes que me viviseccionen con una cuchara de plástico. Hay que cambiar el tercio de la conversación, necesito pensar algo. Rebusco en mi cerebro y hago la peor pregunta del mundo.


-Bien, bien. Ya sabes muchas horas delante del ordenador. ¿Cómo van tus escritos?


Imposible seguir la narración sin soltar un taco: Soy gilipollas. Me mira ofendida y me doy cuenta dos segundos demasiado tarde de que acabo de meter la pata. Ella interpreta que yo desde el podio de mi éxito literario (lo que ella interpreta como éxito literario, porque a día de hoy ambas estamos empatadas a cero en el marcador de libros publicados) estoy tratando de humillarla al preguntarle por su eterna novela. En realidad intentaba escaquearme de una pregunta, tratando de no meter la pata acabo de cubrirme de gloria. Brillante estrategia.


-Acabé hace unos meses-Me contesta en un tono totalmente gélido- Ahora la estoy revisando, pero creo que la voy a traducir para mandarla al extranjero, o igual la sacó directamente en digital. Es una literatura que no está hecha para el gran público. No es para todo el mundo, como la tuya.


Ya estamos con los concursos de quien mea más lejos. Asiento con diplomacia, le deseo suerte y calculo la distancia que hay hasta las escaleras mecánicas. Igual si doy la espantada puedo huir antes de que se recupere de la sorpresa. Imposible, tuve que aguantar media hora eterna sobre las injusticias del mundo editorial y lo incompetente (o ruin) que es esta industria. La amarga lucha del artista contra el sistema opresor y mercantilista. Que me vas a contar


-Tú has sido más lista. Has escrito lo primero que te ha venido a la cabeza y te ha salido bien.


-Si, soy un genio del marketing-Contesto sin entusiasmo


¿Colará si la mato y alego defensa propia? Como no estoy segura, me despido y me largo. Ya no quiero comprar libros, ahora prefiero averiguar cuantas frases soeces puedo construir sin repetir adjetivos. Os aseguro que muchas


Nunca he estado dispuesta a entrar en juegos de roces y envidias, de celos infundados y todo lo que acarrean. No me creo en condiciones de mirar por encima del hombro a nadie y menos a raíz de lo que cada cual pueda considerar como “literatura digna” o aun peor “arte”. Si quiere jugar a la artista maltratada me parece perfecto, toda actitud es respetable, pero que me deje al margen. Hay mucha otra gente mejor dispuesta a entrar en estos eternos debates, que por otra parte son como vaciar el mar con un cubito; entretienen hasta que te das cuenta de que no vas a ninguna parte.


Tal vez mañana una editorial decida hacer justicia cósmica y publique su obra, entonces podrá volver a mirarme desde la cumbre de su excelencia y yo me quedaré exactamente donde estoy. Ambas seremos más felices, se restablecerá el orden del universo. Ella luchando duramente con las arduas metas de la “alta literatura” y yo en mi casa echándole horas al ordenador sin más pretensión que acabar mis historias y tener la inmensa suerte de haya quien las lea. Que perduren o no. Que sean éxitos o fracasos. Eso ya escapa de mis manos. Solo espero que no llegue el día en que necesite compararme con nadie para sentirme “artista”. Si llega, por mi propio bien, matadme.

lunes, 13 de junio de 2011

Señores de godos

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Ponerte a escribir tu primera novela nunca es fácil. Pero para decidir que vas a escribir tu primera novela, que va a ser una novela histórica y que encima vas escribir sobre la hispana visigoda (un periodo histórico que no es que esté precisamente bien documentado) hace falta tener valor. Hay tanto ejemplo de mala novela histórica medieval o pseudo medieval que no me voy a molestar ni en citarlos, seguro que a todos se os ocurren al menos tres muy malas novelas de ese periodo. Lo difícil es dar con las buenas y no deja de ser paradójico que precisamente una época tan interesante, tan rica y que ofrece tantas buenas posibilidades para todo se desperdicie tanto. Aunque esto tiene explicación: suelen ser novelas mal documentadas en las que el autor acaba por hacer ciertas concesiones, normalmente innecesarias, a favor de la historia y que terminan convirtiéndose en pastiches difíciles de creer. Es mucho más raro, aunque también los hay, lo que son tan firmemente fieles a los datos que al final son casi ensayos históricos. Muy rigurosos, eso nadie lo niega, y también muy aburridos. Encontrar el equilibrio entre rigor histórico y entretenimiento es complicado.

Juan Antonio Caro Cals decidió que iba a escribir una novela histórica, situada en el reinado de Atanagildo (551-567). Periodo que a mí en la universidad me fascinó y también me hizo sudar tinta porque no es que sobren las fuentes documentales. Bueno yo siempre digo que la gente que se pone a estudiar ingeniería o arquitectura estan todos un poco locos y él es arquitecto así que... El caso es que se lió la manta a la cabeza, se pasó un par de años documentándose y luego se puso a escribir su primera novela. Con dos cojones. Conozco a poca gente capaz de hacer eso. “Señores de godos” está MUY bien documentada, tiene las concesiones justas y sobre todo engancha. Empecé a leerla una noche en la que estaba saturada de corregirme a mi misma. El plan era leerme solo las primeras páginas para ver como pintaba. Esa noche me acosté a las cuatro de la mañana. Me leí la primera parte del tirón porque sencillamente no podía parar. En una semana me la había terminado las casi quinientas paginas.

Me gusta como escribe, el lenguaje y la corrección de los diálogos te ponen en situación sin esfuerzo. Está llena de pequeños detalles que logran que te acerques a la narración y tiene algunos personajes a los que llegas a coger cariño ( y dos de ellos a los que terminas odiando profundamente, pero bueno, para eso están) además tiene buenas escenas de acción, muy épicas. Ya sabéis que a mi me gusta mucho una cuchillada en el momento oportuno.

Brándila de Ravena es un ostrogodo(casi dos ostrogodos)un pelín picto superviviente de la invasión de Italia por parte del ejército bizantino de Justiniano. Un tanto bruto a ratos y a ratos sorprendentemente divertido. Brándila es un tipo complejo y muy, muy humano que un poco por rencor, un poco por amor y otro poco porque no le tiene mucho cariño a la vida se acaba convirtiéndose en una pieza clave para frenar el avance de las tropas de Justiniano en Hispania. Pero “Señores de godos” no es solo su aventura. Otros personajes se verán arrastrados por su estela y gracias a sus andanzas pasearemos por una península en la que el recuerdo del imperio romano se desmorona. Una época se ha terminado y otra no acaba de cuajar.

jueves, 2 de junio de 2011

Crónicas de Dracontrand: El guerrero elfo

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Parecer ser que en las altas esferas literarias alguien decidió hace tiempo que la literatura fantástica se constituía por textos de baja calidad y argumentos pueriles, decidió que su temática estaba agotada y que, atendiendo a estos hechos irrefutables, su destino era el publico infantil, como si precisamente este público fuese poca cosa.Me gustaría que algún día uno de esos misteriosos gurús que deciden que es literatura digna y que no lo es tropezara con “El Guerrero elfo”. Posiblemente se tragaría sus palabras.

“Las crónicas de Dracontrand: El guerrero elfo” Es un titulo de esos que hace que los listillos levanten una ceja y piensen “Vale, ya estamos con los tópicos de siempre” pero su autor, Francisco Paula Pérez de la Parte (bonito nombre para un caballero del Siglo de Oro), ganó el año pasado el concurso de narrativa juvenil de Jaén y su libro está editado por Random House, que no es moco de pavo. Solo por eso ya merece la pena dejarse los prejuicios en casa y echarle un vistazo. Y si lees las primeras paginas, que son preciosas y muy tiernas nos damos cuenta que estamos lejos de un libro típico. Puede que tenga que los elementos del genero de espada y brujería: elfos, enanos, dragones…pero “El Guerrero elfo” va más allá. Elán es un gran personaje, nada que ver con los héroes solitarios y altivos que ni sienten ni padece. Es un tipo entrañable que se preocupa por los que lo rodean con un gran realismo de sentimientos, podemos comprender sus motivaciones. No es un caudillo épico sino un buen chico desbordado por los acontecimientos que quiere volver a su casa, que quiere a los hacen bien y no llega a odiar a los que le hacen mal. Es bondadoso pero no tonto. La verdad, acabas por cogerle mucho cariño.

El libro está además bien escrito, siempre me alegro de encontrar un libro que se pueda disfrutar a cualquier edad. El lenguaje, las descripciones, la creación de los personajes son impecables. Todo encaja, no hay más cabos sueltos que los necesarios. Quizás echo de menos un poco más de impacto en las escenas de acción pero ya sabéis que yo soy un poco carnicera para estas cosas. En resumen: se acercan las vacaciones y querréis leer cosas entretenidas ¿Qué puede ser mejor para evadirse de los calores que una dragona de nombre complicado y aliento gélido?

lunes, 23 de mayo de 2011

Feliz Cumpleaños

Hace tres años que escribo este blog, antes de que me animasen a compartir el particular universo de la Corte de los Espejos yo ya escribía (cuentos principalmente) y sobre todo me contaba historias a mi misma. Soy una yonki de letras y pese a que me quejo de las noches en blanco, de las horas que les robo a parientes y amigos, de la frustración de no acabar de alcanzar lo que realmente quiero decir, del sin fin de inseguridades de todo tipo y de eterna maraña de dudas, debo confesar que mi caso no tiene remedio y que no creo que exista rehabilitación posible. Al igual que el viejo ermitaño de “La Historia Interminable” escribir es lo único que puedo hacer para ser yo misma.

Ahora mismo estoy en una encrucijada de caminos y como todo buen cruce (ya sabéis ese momento de inflexión que hay en cada historia, ese punto de no retorno) exige tomar una decisiones. No creo que pueda hacer trampa como en los libros de “elige tu propia aventura” y volver páginas a tras para averiguar que puede pasar si en lugar de la puerta verde, elijo la roja. La vida tiene el defecto de ser unilateral la gran mayoría de las veces. Ya he tomado mis decisiones y ahora tengo que esperar a ver hasta donde me llevan, aunque la verdad es que si lo miro con cierta perspectiva tal vez las cosas no cambien tanto: pase lo que pase seguiré escribiendo y este blog seguirá cumpliendo años. A veces habrá mas lectores y a veces no habrá ninguno. Por ahora voy agradeceros que llevéis tres años conmigo y que mostréis tanto interés por la Corte de los Espejos. Solo con eso ya me habéis convertido en una escritora afortunada, porque a fin de cuentas las historias solo tienen sentido si tienen un público que las espere. Y vosotros sois el mejor de los públicos. Sinceramente: muchas gracias y feliz cumpleaños

lunes, 9 de mayo de 2011

La creación de retropólis

Hubo una vez un hombre y una máquina voladora. Una noche mientras atravesaba un denso campo de bruma el hombre se perdió. Tenía altímetros y monitores, tenía todo tipo de agujas, botones y mandos para deslizarse sobre el cielo pero ni la danza de los indicadores ni los trazados mapas podían decirle donde estaba. Volaba sin rumbo, perdido en la niebla, sin distinguir otra cosa que retazos de mar bajo él y nubes cegándole todas las rutas. El combustible se agotaba poco a poco, y aunque el piloto no quería aceptar la muerte como una certeza escribió una ultima carta a su familia, esa carta que muchos soldados escriben sin saber si quiera si alguien llegará a leerla alguna vez. No se despidió porque quería dejar tras de sí un resquicio de esperanza. Les contó que había aterrizado en una ciudad increíble hecha de piedra, hierro, cristal y estaño. Una ciudad donde las casas se alzaban en un equilibrio imposible hasta el mismo cielo. Donde no había dos edificios remotamente parecidos. Los había feos y toscos, mientras otros eran hermosas filigranas salpicadas de pinturas y estatuas, algunos eran tan ligeros que se podían cambiar de sitio solo con empujarlos, otros tenían patas y otros flotaban gracias a hélices colocadas como molinillos en los tejados. Otros en lugar de alzarse a cielo abierto se hundían en la tierra. Era la ciudad con la que habían soñado alguna vez los sabios de todas las épocas, los soñadores, los locos, los artistas, los necios… Por sus calles torcidas los borrachos caminaban en línea recta. Antaño hubo muchas puertas para llegar a esa ciudad que acogía a cualquiera que fuese capaz de imaginarla, se podía llegar andando o subido a las espaldas de un hada verde. Pero la humanidad dejó de pensar en ella y los caminos se cerraron. Se perdió la magia y con ella los hombres perdieron la cordura, fue un tiempo de sin razón y de guerras crueles, hombre contra hombre, hermano contra hermano. Él había encontrado la ciudad y su misión era volver a abrir los caminos y deshacer el daño hecho por el olvido. Sería una ardua tarea, tardaría mucho en volver, si es que alguna vez volvía. Tenía que quedarse en la ciudad y soñar, tenía que crear nuevas puertas.

El combustible se agotó. El hombre no regresó a su casa. La máquina no fue encontrada.

Algunos creen que Retrópolis ya existía y que el piloto llegó hasta ella gracias a un camino perdido. Otros piensan que Retrópolis fue naciendo mientras la imaginaba un hombre que no quería morir. La mayoría nunca ha oído hablar de ella, ni lo harán mientras vivan. Y sin embargo todos hemos paseado alguna vez por sus calles torcidas y silenciosas. Todos hemos estado alguna vez en la ciudad que sale en los márgenes de los mapas, la que está a orillas del tiempo, al filo de nuestra memoria.

jueves, 7 de abril de 2011

Existen las hadas

Existen las hadas, podéis arquear las cejas y soltar una risilla prepotente ante semejante afirmación, podéis negarlo y argumentar con aplastante lógica los motivos de esta negación. Esta la lógica, está la ciencia, está la realidad misma con toda su tiranía para demostrar lo contrario. Se puede hablar de que son mitos basados en el folclore, dar datos, explicar el origen y el motivo de estas creencias desfasadas. Puedes decir que los ordenadores y la tele las han matado, que al final la nada ganó la batalla y se tragó la Torre de Marfil enterita. Podéis decirme lo que queráis y hablar durante horas con la sincera certeza de un premio nobel en física. Al acabar la perorata, yo como la necia que soy desafiaré todo razonamiento e insistiré con el argumento más irrefutable y menos creíble de todos: Existen las hadas, las he visto, he vivido con ellas. Llegados a este punto exigiréis pruebas y como me parece una petición razonable os ofreceré datos, hoy día los datos mandan, la imagen manda. Si alguien ha podido estudiarlas, si alguien tiene imágenes, historias contrastables, fuentes bien documentadas cualquier cosa puede atravesar el velo de la imaginación y convertirse en algo tan real como un filete con patatas (me refiero a un filete con patatas que no te estés imaginando, claro está).

Existen las hadas, yo las he visto y antes que yo las vio Joan Gómez, este hombre quedó tan impresionado que las fotografió para un libro fantástico:

http://www.joangomez.com/fotoshadas.htm,

Allí descubrí que conocía a dos hadas, como quien dice de toda la vida y que no estaba loca, él también las había visto. No hay glamour lo bastante potente para ocultarlas.

El Gaitero y la Señorita Nebel existen; viven en una casa mágica llena de libros maravillosos y cosas extrañas, tienen más llaves que cerraduras (sospecho que porque conocen puertas secretas que nadie ha visto jamás) tienen un tigre que parece un gato. Una gata feroz que de hecho puede convertirse en muchos gatos, aunque esto no es tan extraordinario, cualquier felino un poco listo puede hacerlo. Es cierto que él toca la gaita y cocina maravillas, es cierto que ambos pueden esconder tinta bajo tu piel, sortilegios poderosos con efectos inesperados si eres capaz de pasar de pasar la prueba de sus agujas. Es cierto que ella tiene una mirada fascinante y que igual te hornea galletas que te cose una marioneta. Es cierto que viajan en el tiempo para ser anfitriones de extrañas fiestas. No me estoy inventando nada. Todo es verdad. Y si aun así insistís en no creerme será mejor que os enseñe unas fotos que no he hecho yo, sino Joan, que también pudo desenmascaras a estas hadas disfrazadas de gente muy poco corriente.

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Son hadas y tengo la fortuna de conocerlas bien, de quererlas y de echarlos de menos. Se hacen llamar Mireia y Raúl (O Raúl y Mireia) ante los extraños pero vosotros sabéis igual que yo que tienen otros nombres.
Y ahora que los conocéis no podéis decir que estoy loca.

lunes, 14 de febrero de 2011

Y lo que pasó despues

Mientras Marsias decidía marcharse en busca de su majestad, ocurrieron otras cosas. El amor tiene un lado amargo y otro amable

Nicasia deshizo los lazos del jubón cegada por los besos de la gata, sus manos lucharon durante un momento interminable con unos lazos atados a conciencia. Maldijo entre dientes mientras Manx se moría de risa. Por fin los nudos cedieron y la prenda se aflojó totalmente vencida, dejando a la vista unos pechos perfectos, redondos y cubiertos por una difusa lluvia de pecas cobrizas. La knocker los acaricio, eran cálidos como la arena al sol. Todo lo que había bajo la tela era precioso, la piel acaramelada que se cubría de furtivas rayas doradas a la alturas de los hombros, el suave hueco entre sus clavículas y el cuello largo y flexible que vibraba con un ronroneo feliz respondiendo a cada una de las caricias que dejó caer sobre el. Le quitó la prenda con un movimiento brusco e impaciente. La phoka se tumbo bocarriba sobre el camastro y le acaricio la nuca, atraiéndola hacia ella.
-Nunca pensé que te atreverías a hacerlo-Le susurró juguetona al oído.
-Ya somos dos-Contestó con la voz ahogada mientras sentía como los pezones de Manx se ponían duros entre sus dedos-Eres la cosa más jodidamente bonita que he visto jamás.
Su amante empezó a desabrocharle la camisa, mordiéndose la punta de la lengua. En sus pupilas alargadas había un brillo travieso.
-Es increíble haberte encontrado en mitad de una guerra-Le dijo la gata
-Olvídate de esa mierda. Esta noche no.
Manx le acaricio un hombro y entreabrió los labios, incitante.
-Hazme olvidarla tu- Susurró en un tono que hizo que se le erizara el pelo.
Nicasia se soltó las correas de su aparato ortopédico y lo lanzó a la otra punta de la habitación. Manx le abrió la camisa y dejó escapar una carcajada. La ingeniera no tenía nada que mereciera la pena sostener, así que e lugar de corpiños o sostenes usaba una sencilla camiseta de tirantes a modo de ropa interior. Antes de que le diera tiempo a avergonzarse por aquel detalle la gata se pegó a su boca.
-Eres el hada más extraña que he conocido jamás-dijo después de besarla.
-¿Como tengo que tomarme eso?-Pregunto la knocker alzando una ceja.
-Luego lo piensas-Contestó Manx mientras le guiaba las manos entre las enaguas hasta ponérselas sobre los muslos con impaciencia. La knocker pasó las yemas de los dedos sobre aquel terciopelo finísimo sintiendo que se le secaba la garganta. Le alzó la falda para descubrir un imposible laberinto de encajes. Resopló y volvió a soltar una palabrota, tras un momento de lucha solo había conseguido deshacerse de la ropa interior. La falda se presentó como un obstáculo insalvable, dispuesta a no dejarse entretener ni un minuto más metió la cabeza bajo la testaruda carpa encarnada y recorrió aquellas piernas que tantas veces había visto saltar de tejado en tejado. La respiración de la gata se convirtió en un mar de suspiros. La ingeniera se movía en una ceguera de color escarlata. Dejó caer los labios sobre el sexo de Manx. La phoka se tensó como una ballesta y dejó escapar un maullido suave. Nicasia cerró los ojos, una paz inmensa la inundó de pies a cabeza. No había otro sitio donde quisiera estar. Cuando resurgió de entre los pliegues de la falda la reclamaron una sonrisa agradecida y unos brazos extendidos.
-Te amo- Manx le lamió una mejilla con su lengua de lija-Nunca pensé que le diría esto a nadie. Pero no puedo guardármelo. Es demasiado grande para mí.
La ingeniera sonrió timidante, aquella frase se le enganchó en las entrañas como un anzuelo y la hizo dolorosamente feliz. Nadie jamás le habían dicho algo así.
- Podría morirme ahora mismo- contestó la ingeniera mirando al techo-Y no me importaría.
-Espera un poco para morirte-replicó burlona la otra
Manx logró bajarle los pantalones hasta las rodillas con una facilidad insultante, y su ropa interior tampoco opuso ninguna resistencia. Antes de que le diera tiempo a asombrarse unos dedos ágiles se le escurrieron entre las piernas domando cualquier intento de resistencia con una caricia tan hábil que pensó que la piel se le derretiría sobre las sabanas. Busco la boca de la gata con un ansia desconocida para que sus gemidos se ahogaran entre sus labios.
-Antes me precipité, es ahora cuando me puedo morir-Dijo en cuanto recuperó el aliento-Mañana no me importará nada de esta estúpida guerra.
-No pienses en mañana. Mañana queda muy lejos y la noche es larga.
-Es difícil no pensarlo- Nicasia se quitó los pantalones del todo y apoyó la frente en el frescor de la pared-Podría pasar cualquier cosa.
-Tienes razón. Podría pasar cualquier cosa, pero pasará mañana. Ahora estamos aquí.
-Quédate a dormir conmigo-rogó la peliblanco entrecerrando los ojos.
-¿Dormir?-contestó su amante algo decepcionada- Aun es pronto para irnos a dormir. Hay una cosa que quiero oírte decir.
-¿A qué te refieres?
La gata la obligó a poner las manos en la espalda con un movimiento mimoso. Al principio pensó que estaba la acariciando las manos, pero cuando intentó devolverle el mimo se dio cuenta de que tenía las muñecas atadas con uno de los lazos de los que tanto le había costado librarse. La knocker se revolvió asustada pero una larga caricia en la cara interna del muslo hizo que el miedo desapareciese.
-Sabes a que me refiero. Quizás creas que no…pero lo sabes- La voz de Manx tenía un tono malicioso.
Antes de dejarla contestar paseó una mano furtivamente entre sus piernas rozándola a penas. Tocándola sin tocar. Nicasia gimió y la mano repitió la maniobra algo más audaz pero también más sutil. Jugado con su ansiedad.
-Dioses- suspiró sin darse cuenta.
-Deja a los dioses. No están con nosotros.
La yema de un dedo suave se quedó inmóvil en un punto clave. La knocker cerró los ojos y se humedeció los labios.
-Te quiero –le digo con voz ahogada
El dedo hizo un movimiento lento, circular y húmedo.
-Te, quiero, te amo, te deseo-gimió totalmente desarmada-Joder, he estado soñando contigo desde que te vi luchar en la Batalla de los Tejados y desde entonces he querido tenerte a mi lado y desnudarte y amarte. Quiero que te quedes conmigo. Ahora. Siempre.
Manx la desató y le dio un besó largo y tierno, húmedo de lágrimas. Nicasia se lo devolvió en los mismos términos y después demostró que las palabras que había dicho eran ciertas, esa noche se amaron hasta quedar agotadas y el sol las sorprendió abrazadas y medio desnudas. La guerra continuaba, pero ahora era un poco menos cruel y algo más peligrosa.