sábado, 26 de noviembre de 2011
Motivos para no hacerlo
Si, ha sido toda una experiencia, un enorme esfuerzo y ahora ha terminado. Ayer decidí culminar el esfuerzo imprimiendo una copia del PDF. No podía dejar de sonreír, que gordita es, cuanto trabajo.
Ahora me siento un poco vacía, rara, desocupada. Se me pasará…solo tengo que volver a acostumbrarme a tener tiempo libre, sinceramente, no creo que me cueste demasiado. Tampoco creo que tarde en volver a ponerme a escribir. “La Corte de los Espejos” me ha descubierto una vocación que siempre he tenido pero que nunca había explorado del todo. Me ha cambiado y si ha sido para bien o para mal ya lo averiguaré. No tengo prisa.
Desde luego me ha servido para entrar en contacto con un mundo, el de los escritores, que es muy curioso. Hay muchísima gente que escribe, muchos modos de escribir, muchos géneros y una diferencia brutal entre la imagen idealizada del oficio de escribir y la cruda realidad. Si nos ponemos a analizar descubrimos que casi todo el que se aventura a escribir lo hace movido por los mismos motivos. Y que esos motivos son, en muchos casos, el mejor modo para estamparse de morros con la dura verdad.
Como os quiero y no me gustaría que os llamaseis a engaño os voy a dar una lista de cosas que no deberían motivar a nadie a empezar a escribir:
-Porque quiero publicar: Voy a daros datos ofrecidos por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) Por supuesto estos datos se refieren solo edición tradicional (libro físico). La autoedición de cualquier tipo no queda reflejada. No conozco demasiado del tema y no me gusta hablar de cosas que no sé.
Solo un 10% de los manuscritos que llegan a editorial se publican. De ese tanto por ciento de afortunados autores publicados menos de la mitad llegaran a publicar una segunda novela.. Podrías pasarte entre uno y dos años esperando respuesta editorial. No te engañes, tener agente no cambia el dato. Entrar en una agencia es tan difícil como el mero hecho de publicar. Es muy posible que sin algún tipo de enchufe o mucha suerte jamás recibas respuesta editorial. “ Yo tengo talento” puedes pensar. Eso es maravilloso, pero en ese punto publicar es una lotería. Libros brillantes se descartan por motivos puramente comerciales y por la misma causa salen a papel ciertas obras que te hacen dudar de la cordura de algunos editores.
A veces los escritores son solo objetos de temporada para las editoriales, ellas hacen sus balances y deciden. Tus expectativas o lo que creas que tu obra se pueda merecer no se refleja en sus libros de cuentas.
CUIDADO CON LA COEDICIÓN: Es una solución, y puede ser una excelente carta de presentación para tu novela si eres un autor novel con ganas de darse a conocer. Pero mira con lupa con quien vas a coeditar. Algunas de estas empresas se dedican a aprovecharse vulgarmente de las ilusiones de autores incautos. Te sacarán la pasta, moverán el libro lo justo para amortizar su inversión y luego ahí te pudras. Igual que en una editorial normal pero encima perdiendo dinero.
Si vas a coeditar tienes que ser listo y saber cómo quieres mover tu obra. Es difícil si vas de nuevas y lo ves todo color de rosa, con eso cuentan ellos. Ya de paso mira el contrato mil veces. A veces firmar con esta gente es casi como firmar con sangre un contrato misterioso.
-Por el dinero: Pues directamente, olvídate de la coedición.
En cuanto al dinero, bueno si, es tentador. Los escritores que viven exclusivamente de eso son una minoría privilegiada. El resto tiene un empleo “de verdad” para pagar las facturas. Y escribir necesita mucho tiempo; horas que le robas a tu ocio, a tu familia, a veces hasta al sueño. Sarna con gusto no pica y por eso escribimos. Pero hablando fríamente y calculadora en mano…tal vez no te compense.
-Por la fama: En serio, si escribes por eso no estás en el país correcto. A menos que salgas en la tele anunciando pan de molde, te van a conocer en tu casa y, a lo sumo, un par de lectores apasionados. La parte buena es que podrás seguir bajando al super sin ir de incógnito. Lo de firmar autógrafos no es tan habitual como pueda parecer.
-Quiero ligar: Si, los escritores son famosos por su desenfrenada vida de sexo y glamour…en mi imaginación al menos. Bueno, si consigues ser un crack y ganar mucha pasta seguro que triunfas entre el sexo contrario (o en el propio, o en los dos). Sino, tampoco hace falta que escribas nada, pon pose de intelectual y échale cara. A veces funciona y el polvete no te lo quita nadie. Eso sí, no uses esta técnica en la discoteca de ningún polígono industrial. Y ponte colonia.
En fin, como veis acabo de terminar una novela que se ha llevado una parte importante de mi tiempo y mis energías. Y tal vez esta novela nunca llegue a nada. Tal vez llegue y sea lo flor de un día y es muy posible que no me saque de pobre .Si vas a escribir, hazlo porque tienes algo que contar, hazlo porque deseas hacerlo y disfruta cada palabras que dejes en la página. Hazlo por ti. Lo demás llegará si tiene que llegar, y si no llega, nadie podrá quitarte la satisfacción de la experiencia.
lunes, 24 de octubre de 2011
Reencuentros
Reconoció su voz. Había cambiado con los años, claro está. Ahora era la de un adulto, sin embargo ella tenía aquella voz grabada a fuego en su memoria. En el departamento de los malos recuerdos.
Levantó la cabeza y miró sobre los estantes de libros, como un animalito advertido de la presencia de un depredador. Tanto tiempo y aun ese leve escalofrío recorriéndole la espalda, le volvieron a la cabeza la humillación y las risas, el miedo perenne. Recordó de un mazazo lo horrible que es ser una niña que quiere morirse todos los días.
Estaba a unos pocos metros, ojeando las páginas de un libro. Lo miró por primera vez, sin poder creerse que no fuera un monstruo, que tuviese un rostro vulgar, casi anónimo. Solo una persona entre millones. Y sin embargo aquella voz, en un timbre más agudo, había poblado sus primeras pesadillas, le había arrancado sus primeras lágrimas. Por esa voz amanecía en una cama helada y húmedad cuando se supone que los niños ya no hacen esas cosas.
Sació su curiosidad mirándolo sin disimulo, clavándole los ojos casi con saña, esperando que levantase la cabeza del libro y la viese. Algo se le revolvió en las tripas. Recuerdos de una infancia de mierda. Toda la inseguridad, todo el miedo…todo lo que vino después. Años y años de dar tumbos entre la pena y la rabia. “Levanta la cabeza y mírame” pensó. Quería que la reconociese, quería leer en su cara que pensaba de aquel reencuentro. Quería que se sintiese mal, que se le estorbase la conciencia.
Trató de pensar seguramente nunca había sabido hasta que punto la hería. Respiró hondo, pues ya era hora de que lo supiese. Estaba allí, podía acercarse y saludarlo, podía preguntarle si se acordaba de ella. Obligarle a mirarle ahora que ya era adulta y hacerle sentir por unos segundos el peso de su odio. Devolvió el libro a su sitio y se acercó hasta él, intentando no vacilar, ignorando los consejos de su parta sensata, o tal vez cobarde, que le rogaba que lo dejase estar.
Una figurita pequeña se le coló entre las piernas. El monstruo de su infancia se agachó y cogió en brazos a un adorable mocoso. No era muy hábil calculando las edades de los críos, debía tener tres, tal vez cuatro años. De repente el verdugo se había convertido en un padre que limpiaba un churrete de la mejilla de su retoño como cualquier otro padre del mundo y ella era una roca en mitad de una tempestad de sentimientos.
Otra voz, está vez del presente, la reclamó. Un padre y su hijo salieron de la tienda para perderse entre la marea de gente. Tuvo la certeza que nunca más volvería a verlo. Se giró. El rostro que la llamaba le inspiraba buenos sentimientos. Sonrió y le dio la espalda a la puerta mientras el pasado se alejaba.
lunes, 10 de octubre de 2011
Bien, ahora que gracias a esta frase efectista y un tanto imbécil tengo a alguno que otro al borde del infarto, ya puedo explicaros a que me estoy refiriendo; Muchos me habéis preguntado que cuando voy a colgar las ultimas entregas de las aventuras y desventuras de Dujal y Nicasia por estos lares. La respuesta es sencilla: por ahora no. Esto no quiere decir que vaya a dejaros sin conocer el desenlace de la historia, pero por el momento La Corte de los Espejos anda paseándose por ahí, buscando un posible cambio de formato y estas cosas requieren su tiempo. Os ruego que tengáis un poco de paciencia. Y os tranquilizo: de un modo u otro conoceréis la suerte final de mis atípicas hadas, el tiempo decidirá como.
Los primeros lectores sabéis que empecé escribiendo esto como un pasatiempo, y que ni se me pasaba por la cabeza que tuviese la más mínima oportunidad de convertirse en una novela. Jamás pensé que escribir pudiese ser algo más que un hobby que compartía con algunos lectores solidarios. Aunque al parecer Nicasia tenía sus propios planes. Y no sé de que me sorprendo, ella siempre ha tenido las ideas más clara que yo. Pase lo que pase, la ingeniera siempre será un personaje especial para mí, y siempre recordaré las puertas que me ha abierto, los sitios a los que me ha llevado y, sobre todo, la enorme cantidad de gente que me ha hecho conocer. Con Nicasia he descubierto que escribir es más que nada una devoción. Pese a que supone muchas horas a solas delante del ordenados, pese a que el mundo editorial no ofrece garantías de nada y que puede hacerte pasar ratos muy duros, los malos tragos quedan compensados por esos momentos en los que vas llenando paginas en blanco y te das cuenta de que estas contando justo lo que querías, con tus palabras y tu voz. Y que puedes compartirlo. Ese momento, es el que te hace escribir, lo demás son añadidos, muy agradables no lo niego, pero la base debe ser que quieras contar algo sin preocuparte de nada más.
Y precisamente eso es lo que voy a hacer. La Corte de los Espejos está vagando por ahí, tratando de averiguar si tiene alguna posibilidad de darse conocer. Y las cosas de palacio van despacio. Pero no es la única historia que tengo en la cabeza, va siendo hora de darle salida a otros personajes que esperan su oportunidad.Además mientras escribo no pienso (y todo lo que ayude a que no me suba por las paredes tiene que ser bueno por cojones)
Tengo que confesaros que hay otro motivo para dar salida a esta historia. Este año he empezado la aventura del Biblioforum, y estoy encantada, sobre todo porque gracias a eso he conocido a tres caballeros maravillosos. No me avergüenza decir que frente a ellos me siento una mera debutante, ellos tienen el respaldo que a mí me falta: la tinta sobre el papel. Tengo que darme a valer, hay que demostrar que uno está donde está porque se lo merece. Y el movimiento se demuestra andando, no tengo de mi lado la edición física, eso es impepinable. Pero tengo este blog, y es mi voz. Mi tarjeta de presentación. Así que hay que darle uso y sobre todo, ofrecer un contendo que merezca la pena ser leído.
El blog va a sufrir algunos cambios necesarios, tengo que adecentarlo un poco. Y va a convertirse en el hogar de una nueva inquilina: La señorita Meredith Sutherland, Capitana de la segunda sub división de secretarias del ejército de su majestad Victoria II. Una solterona a la que le queda poco tiempo para cambiar su papel en el mundo.
Por fin me voy a meter de lleno en una historia steampunk, una corriente que me apasiona y que, según mi opinión, se presta mucho a la comedía.
Espero que le deis una oportunidad a la pobre mujer, porque sinceramente necesita que le echen una mano. Debe ser muy duro intentar conquistar el amor del hombre de tus sueños mientras te asedian todo tipo de enredos burocráticos, en una ciudad que está bajo una pérfida amenaza voladora y en la que, a veces, crees ver dinosaurios…
Voy a dejar que se presente ella con sus propias palabras:
El espejo era parte de la escueta herencia de mi madre, mujer que podía darse el lujo de ser “demasiado coqueta” según la opinión de mi severo padre y una “verdadera golfa” según otras opiniones menos amables, fruto seguro de la envidia. La paga de mi progenitor era escasa y al lechero hay que pagarle de algún modo, y al carnicero, y al deshollinador, pese a que no teníamos chimenea. Mi madre era una esposa sacrificada. Eso decía ella. ¿Por qué no iba a creerla?
Había colocado a aquel testigo de días mejores cerca de la puerta de la entrada de mi modesta vivienda. Por darle algo de lujo a tanta sordidez. Era cuadrado, enorme, con un trabajado marco de latón dorado. Bien cierto es que los dos dedos de polvo que cubrían sus regias molduras lo desmerecían un poco y que la plata tras el cristal empezaba a nublarse y a salpicarse de puntitos negros. Tal vez no cuidé tan preciado recuerdo como se merecía. Perdónenme esa lamentable dejadez, pero entonces cuidaba de una anciana senil y demasiadas veces tenía que dedicarme a hacer caldos, lavar sabanas y, si me sobraba tiempo, zurcirme las medias. El caso era que el amado trasto tampoco se merecía nada mejor: cada vez que salía o entraba de mi casa, cada vez me ponía el abrigo y le daba dos vueltas a mi única bufanda, el ingrato se encargaba de recordarme la escasez de mis encantos: Los ojillos miopes tras las gafas, el pelo salvaje de un color que no era ni rubio ni castaño, la broma que era mi nariz en mitad de la cara. Una mañana me harté de su innecesaria sinceridad y lo vendí a un ropavejero. Me dio lo justó una lujosa merienda a base de merengues y chocolate caliente…Espero que no les ofenda mi lenguaje, pero al demonio con las herencias familiares de tres al cuarto.
Así que queridos lectores, saquen sus impertinentes, sus goggles, engrasen los pistones y echen agua a las calderas. La Corte de los Espejos se pone retrofuturista…y absurda.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Jornada de reflexión
Lamentablemente la semana antes al “Día B” estaba hablando con Ismael del tema de la primera jornada “Libros que cambiaron nuestra vida”, la idea era que me dijese que le parecían los libros que había escogido. Fue crítico y objetivo, como siempre me dio una opinión bastante certera y algunas cosas en las que pensar. Hasta aquí todo bien, lo que no me esperaba era que el muy traidor me diese un beso en frente y soltase “Tu primera aparición como autora, que orgulloso estoy”.
Tragué saliva como quien traga hormigón a medio cuajar. Y después de eso mi presencia de ánimo se fue por el sumidero. Esa noche no pegue ojo.
No pienso en mí como una “autora” o “escritora”. Al menos mientras mis únicos méritos sean los de ser traductora de obras muy menores (por decirlo con cierta diplomacia) y módulos de rol infumables (esos ni hay modo de suavizarlos ni merecen perdón divino) me parece absurdo pensar en esos términos . De hecho me considero más una “eterna debutante” muy entusiasta y poco más. Soltarme lo de autora fue un golpe bajo. Comprendí que esto no era como enseñarle un monumento a un grupete de afables jubilados. Nadie espera gran cosa de los guías turísticos, la mayor parte del público consideran que son un grupo de enteradillos con mucha labia que cuando no saben algo se lo inventan. En un buen número de casos no les falta razón. Sin embargo lo de “autor” tiene otro peso, la gente espera que seas capaz de hacer una aportación interesante, te confieren cierta dosis de autoridad porque al parecer escribir es una cosa seria y sesuda. Y lo es. Lo malo es que yo soy cutre hasta para eso y solo escribo para sacarme cosas de la cabeza, porque me gusta la albañilería de las palabras.
Pensé en mis compañeros de aventura. Los padres fundadores del Biblioforum Fue peor el remedio que la enfermedad:
Pepe Carrasco es escritor desde antes de que yo entrase en la universidad, es autor de “El Capitán Nadie” y “El regreso del Capitán Nadie” entre otros. Sus libros se han leído en un montón de colegios e institutos, es profesor y tiene muchísima experiencia en estas lides.
Juan Antonio Caro Cals es autor de la novela que me hubiese gustado escribir a mi “Señores de godos”, además de ser una de las personas más lúcidas que he conocido y un tipo muy inteligente.
Y Francisco Pérez de la Parte es, ni más ni menos, que el flamante ganador del premio Mondadori de narrativa juvenil del año pasado. Ahí es nada.
No hay color, mi único merito en este asunto es que les ayudé a encontrar un sitio digno para que el biblioforum siguiese su andadura un año más. Algo que antes o después hubiesen conseguido sin mi ayuda. Con estas perspectivas decidí ceñirme a esa tarea, la de lograr que los efectos técnicos de la reunión fuesen impecables, que la sala fuese decente y tuviésemos a mano todo lo que nos hiciese falta. Que menos que ser útil.
“El día B” Amanecí como si me hubiese tragado un cubo de cebo vivo y los gusanillos se retorciesen en mis tripas con la saludable intención de escaparse por el agujero mas inadecuado. Para añadir un toque de alegría y de color a la jornada, mi ciclo lunar decidió empezar sus jornadas más ingratas y anunciarlo con un glorioso dolor de riñones. Mi intención era desayunar, comer acabaría con esos pequeños cabrones vermiformes. Eso siempre que hubiese algo en mi frigorífico que me apeteciese, que no era el caso. Se venía venir una mañanita de esas de subirse por las paredes, por suerte me llamaron del CICUS (otra vez) y me dijeron que necesitaban ultimar unos detalles de la sala (otra vez). En eso se me fue toda la mañana, por el lado bueno no me dio tiempo a pensar en gran cosa.
Para cuando llegó la hora, lo único que me mantenía de pie era la hiperactividad. Menos mal que mis niveles de adrenalina son inhumanos, la mayoría de las veces es una mierda. Ayer, eso y un umbral de dolor a la altura de la Giralda me vinieron de perlas. Si hubiese podido dejarme los ovarios en una caja hubiese sido perfecto. Pero la perfección no existe, es algo a los que solo podemos aspirar. De todos modos lo que me ayudó a sentarme en aquella silla, frente a unos fantásticos asistentes fueron mis compañeros. Llegado el momento los nervios brillaron por su ausencia, no me preocupaba nada, porque simplemente estaba disfrutando de su compañía y me lo estaba pasando bien.
Tal vez mis intervenciones no fuesen brillantes, no lo esperaba. Ahora estoy en fase de reflexión para adecentarlas de cara al mes que viene. Esta vez lo espero con ganas, porque sé que he encontrado a una gente maravillosa, unos compañeros de aventura que son un regalo.
No me canso de decirlo, lo mejor de escribir “La Corte de los Espejos” es la gente que me ha hecho conocer. Así que chicos, gracias por todo.
jueves, 18 de agosto de 2011
El broche
“Creo en las hadas” decía cuando era niña, y a su alrededor los adultos se reían y halagaban su inocencia, pensando en sus propias infancias, en sus juegos secretos, en los amigos invisibles que habían creado y perdido con el paso de los años. Y la niña creía en las hadas, en el ratoncito Pérez y en los Reyes Magos porque ese es el derecho y el privilegio de la infancia. Le regalaban libros de cuentos con vistosos dibujos, escuchaban sus historias y halagaban su imaginación desbordante, la chispa de su vivacidad.
Fue creciendo, casi a traición dejó de ser una niña
Y ella aun creía en las hadas, no del mismo modo. No esperaba encontrar un círculo de setas, ni una diminuta danza a la sombra de un jardín misterioso. Pero creía en la magia de contar una historia, de crear un mundo solo con palabras. Algo que preocupaba a sus padres y ya que casi nadie encontraba divertido “Esto no te lleva a ninguna parte” le decían muy serios “Céntrate, no puedes pasarte la vida con la cabeza en las nubes” Ya no le regalaban libros de cuentos, aunque ella los compraba de todas formas, porque seguía necesitando sucesos extraordinarios de vez en cuando. Aunque nunca decía en que creía, ni que esperaba. Guardaba esos pensamientos para si misma, solo decía lo que esperaban que dijera una mujer de su edad.
Un día encontró un broche en una tienda. Era la fotografía de un hada vestida únicamente con sus cabellos, con unas alas de mariposa listas para echar a volar, enmarcado con un bonito marco de plata. Compró el broche de inmediato y se lo puso en la solapa de su abrigo, sobre el corazón. Y en silencio, a pesar de los años, siguió creyendo en las hadas.
martes, 26 de julio de 2011
Literatura
Señores, escribir no es sano. Si alguna vez tenéis algún familiar o conocido (alguien cercano a quien apreciéis realmente, a los demás que les den candela) os dice que pretende meterse seriamente en el mundo de las letras, por piedad hacía su persona lo mejor que podéis hacer es soltarle un chorro de matarratas en la sopa para dejar que se reúna con el olvido entre horribles dolores y, a ser posible, maldiciendo vuestro nombre y el de la madre que os parió. Porque escribir es una santa mierda; para empezar nunca estas del todo feliz con el resultado y crías todo tipo de inseguridades, no importa cuanta gente os diga que lo estáis pariendo en letras es cojonudo, hay ocasiones que quieres romperlo todo y dedicar tu vida al tetris. Luego vendrán los momentos en los que solo puedes pensar en lo que estas escribiendo, piensas mientras friegas los platos, mientras te duchas, cuando duermes (o cuando directamente no puedes dormir) y escribes. Escribes porque lo necesitas, porque tienes algo en tu cabeza que quiere salir y le importa un carajo si para hacerlo se te lleva por delante.
Pensadlo bien antes de intentarlo; tantas y tantas horas de tu vida que podrías usar en otra cosa, tantísimo esfuerzo que quizás se quede en nada porque que te guste escribir no implica que tengas talento y que tengas talento no asegura que tu obra llegue jamás a ningún lado. Pensad en autores como Howard o Kennedy Toole, que se suicidaron convencidos de que su amor a las letras no era correspondido. Que si, que tras la muerte el tiempo los puso en su sitio, pero para entonces las malvas que criaron estaban a su vez criando malvas. ¿Por qué digo esto?¿Quiero desmoralizaros? No, quiero advertiros. Esto engancha más que respirar, no puedes evitar hacerlo. No importa lo negras que os cargue las tintas, si os gusta escribir, escribiréis. Hacedlo solo por eso, no esperéis recompensas, no os pongáis más meta que encadenar palabras y tal vez logréis un momento de calma, ese que os da el tener en vuestras manos un párrafo perfecto y saber que es vuestro, total y completamente vuestro.
Tal vez ni eso os libre de meteros un tiro entre las cejas, pero al menos moriréis con una sonrisa en los labios.
jueves, 16 de junio de 2011
Odiosas comparaciones
Fue uno de esos encuentros totalmente fortuitos. Dentro de esta categoría solo existen dos clasificaciones posibles: los que te alegran y los que no. Este era de los segundos, en una escala de entusiasmo que todos podáis entender hubiese preferido que el tranvía me atropellase lentamente antes que encontrármela a ella. El caso es que yo estaba en la Fnac, canturreando algo mientras miraba un libro muy caro con un titulo tentador “la simbología en la pintura” y soñaba despierta pensando lo bien que estaría poder comprarlo cuando apareció ella. Apareció de la nada, sin avisar, sin anestesia, a traición. Toda sonrisas y frases cariñosas. Ella, que mientras fuimos compañeras de clase no se había dignado ni a escupirme a la cara. Ella, que me era totalmente indiferente. Decir que me sorprendió aquella reacción tan amistosa sería casi un eufemismo, pero como no hay una manera mejor de describirlo sin usar palabrotas dejaremos mi reacción en sorpresa. Elegancia ante todo.
-¡Hola Conchi!
Odio que me llamen Conchi, o Conchita. Mis padres no me pusieron este nombre para empeorarlo aún más. Sonrio, una de esas sonrisas con demasiados dientes que en realidad significa que esperas que el infierno se abra y te trague. De inmediato me doy cuenta que esto no se va a limitar a un saludo formal con su correspondiente “me he alegrado mucho de verte” y su mutis. No tendré tanta suerte, se ve a la legua que quiere charla. Sonríe acarameladamente y después de soltar la ristra de formalidades habituales en estos casos dispara sus autenticas intenciones a bocajarro.
-Oye, me he enterado de lo tu libro. ¿Qué bien, no?¿Como lo llevas?
Nueva sonrisa forzada, mismo deseo de que me caiga encima un piano. No me pregunto como sabe eso, forma parte de ese tipo de personas que siempre está al tanto de todo sobre todo el mundo. No quiero hablar del tema hasta que sea cosa hecha porque sería vender la piel del oso de antemano y con ella eso podría tener como consecuencia futuros terceros grados. No, antes que me viviseccionen con una cuchara de plástico. Hay que cambiar el tercio de la conversación, necesito pensar algo. Rebusco en mi cerebro y hago la peor pregunta del mundo.
-Bien, bien. Ya sabes muchas horas delante del ordenador. ¿Cómo van tus escritos?
Imposible seguir la narración sin soltar un taco: Soy gilipollas. Me mira ofendida y me doy cuenta dos segundos demasiado tarde de que acabo de meter la pata. Ella interpreta que yo desde el podio de mi éxito literario (lo que ella interpreta como éxito literario, porque a día de hoy ambas estamos empatadas a cero en el marcador de libros publicados) estoy tratando de humillarla al preguntarle por su eterna novela. En realidad intentaba escaquearme de una pregunta, tratando de no meter la pata acabo de cubrirme de gloria. Brillante estrategia.
-Acabé hace unos meses-Me contesta en un tono totalmente gélido- Ahora la estoy revisando, pero creo que la voy a traducir para mandarla al extranjero, o igual la sacó directamente en digital. Es una literatura que no está hecha para el gran público. No es para todo el mundo, como la tuya.
Ya estamos con los concursos de quien mea más lejos. Asiento con diplomacia, le deseo suerte y calculo la distancia que hay hasta las escaleras mecánicas. Igual si doy la espantada puedo huir antes de que se recupere de la sorpresa. Imposible, tuve que aguantar media hora eterna sobre las injusticias del mundo editorial y lo incompetente (o ruin) que es esta industria. La amarga lucha del artista contra el sistema opresor y mercantilista. Que me vas a contar
-Tú has sido más lista. Has escrito lo primero que te ha venido a la cabeza y te ha salido bien.
-Si, soy un genio del marketing-Contesto sin entusiasmo
¿Colará si la mato y alego defensa propia? Como no estoy segura, me despido y me largo. Ya no quiero comprar libros, ahora prefiero averiguar cuantas frases soeces puedo construir sin repetir adjetivos. Os aseguro que muchas
Nunca he estado dispuesta a entrar en juegos de roces y envidias, de celos infundados y todo lo que acarrean. No me creo en condiciones de mirar por encima del hombro a nadie y menos a raíz de lo que cada cual pueda considerar como “literatura digna” o aun peor “arte”. Si quiere jugar a la artista maltratada me parece perfecto, toda actitud es respetable, pero que me deje al margen. Hay mucha otra gente mejor dispuesta a entrar en estos eternos debates, que por otra parte son como vaciar el mar con un cubito; entretienen hasta que te das cuenta de que no vas a ninguna parte.
Tal vez mañana una editorial decida hacer justicia cósmica y publique su obra, entonces podrá volver a mirarme desde la cumbre de su excelencia y yo me quedaré exactamente donde estoy. Ambas seremos más felices, se restablecerá el orden del universo. Ella luchando duramente con las arduas metas de la “alta literatura” y yo en mi casa echándole horas al ordenador sin más pretensión que acabar mis historias y tener la inmensa suerte de haya quien las lea. Que perduren o no. Que sean éxitos o fracasos. Eso ya escapa de mis manos. Solo espero que no llegue el día en que necesite compararme con nadie para sentirme “artista”. Si llega, por mi propio bien, matadme.