martes, 14 de febrero de 2012

Podría besarte

Podría besarte.
Hay momentos en los que lo haría sin pensarlo. Me imagino cruzando el corto espacio que nos separa para dejarme caer sobre tus labios. Puesto que se trata de mi imaginación, en esos besos figurados me estás esperando, y la sensación es maravillosa: dulce, interminable… Besos capaces de arrancarte una sonrisa y encenderte las mejillas mientras piensas: “ya me gustaría”. En mi fantasía me rodeas con los brazos, y todo va a cámara lenta. Todo, excepto mi corazón.

Pero abro los ojos, y la vida real es más complicada. A pesar de todo, siempre he preferido un beso de verdad a uno soñado, aunque los besos, los de verdad, implican a veces torpeza, saliva y manos temblorosas. Y, aun así, siempre es mejor ese temblor, ese momento de reírte mientras reúnes valor para lanzarte de nuevo. Ese momento que no es interminable, ni hace que suenen violines o lluevan pétalos de rosas. Ese momento vale más que cualquier sueño.

Pero mientras llega… sueño.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una pequeña sorpresa

Sigo esperando, y no me preguntéis como hago para no volverme loca porque apenas lo sé. Supongo que no pensando demasiado en el tema. Intento mantenerme ocupada y sigo escribiendo, cuanto menos piensas menos sientes el paso del tiempo. Los tiempos editoriales y los misterios que llevan hasta la decisión de publicar o no publicar son insondables...así que solo queda mantener la cabeza fría y seguir viendo hasta donde somos capaces de llegar.
Por suerte me voy encontrando sorpresas muy agradables que me amenizan la espera. El tipo de cosas que le alegran el día a cualquiera. Esta vez viene de la mano de dos artistazas que además son muy especiales para mi, porque admiro su trabajo desde hace tiempo y es un honor que se fijen en el mio. Hace unos días Mireia Giménez (Miss Nebel) y Asunción Macián Ruiz(Medusa The Doll Maker) me daban una maravillosa sorpresa; Medusa me había mandado este dibujo hace tiempo y a Nebel se le ocurrió la idea de hacer un broche con él.

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Aquí queda patente mi pobreza como narradora, porque sencillamente no tengo palabras. Para mi es un sueño, una joya en el sentido estricto de la palabra y siempre tendrá un incalculable valor sentimental. Seguimos esperando si, pero con detalles como este las cosas se hacen más llevaderas. La Corte de los Espejos sigue su camino, ya veremos donde nos lleva. Por ahora voy bien acompañada.

Si queréis saber algo más de estas dos artistas os dejo su trabajo que es su mejor embajador:

http://medusadollmaker.blogspot.com/

https://www.facebook.com/pages/Miss-Nebel/130350177039606

lunes, 16 de enero de 2012

Texto descartado

Texto descartado de "La Corte de los Espejos" y apenas corregido. Lo quité porque no me acababa de encajar, quizás demasiado exagerado. Pero bueno, creo que al menos sirve como anécdota.



Era una guerra sin cuartel, no se hacían prisioneros.
El asedio había durado casi un año, en ese tiempo no habían tenido ningún rehén lo bastante importante como para arriesgarse a retenerlo entre los muros de La Corte. Los heridos se pasaban a cuchillo o se dejaban a cargo de su propio ejercito, los lisiados eran una carga que los favorecía; Bocas que alimentar, manos que no podían sostener una espada. En dos únicas ocasiones lograron capturar a un par de capitanes de guardia, dos sidhe que seguramente tenían en su poder información valiosa. Entonces se habían usado las profundas carboneras del taller del Maestro Avispa, no eran celdas y no eran seguras. No hacía falta. Nicasia prefería que nadie escuchase los interrogatorios, sabía el efecto que tienen los gritos en el corazón y en el animo de la gente buena. Era una carga que prefería llevar sola. En ambas ocasiones se quedó a solas con los elfos. “Fui esclava de los goblins muchos años y conozco un par de trucos muy feos” les dijo a los dos y pudo observar el terror en los bellos rostros de los prisioneros, los sidhe conocían mejor que ninguna otra hada la crueldad y la barbarie de los métodos de tortura goblin. Lo que no sabían era que antes de entrar en la habitación Nicasia cerraba los ojos y suspiraba muy hondo, como si quisiese sacarse el alma del cuerpo y que entraba odiándose a si misma. A lo largo de muchas noches de terror se había jurado que ella nunca trataría así a sus semejantes y se preguntaba que era lo que podía empujar a nadie a ese grado de estudiada crueldad. Ahora lo sabía: la guerra convertía en monstruos a todos los que se prestaban a ella y en victimas al resto.
Por primera vez había hecho falta una celda, un rincón seguro a pruebas de fugas. Por supuesto habían encontrado el lugar adecuado en los sótanos de palacio. Un lugar frío, sin ventanas, que apestaba a humedad encerrada. Habitaciones pequeñas y oscuras. Allí la habían encerrado, lejos de la luz, de la brisa, del canto de los pájaros. Nicasia no quería ni pensarlo. No soportaba la idea. Al principio había sido fácil, acabar una guerra da casi tanto trabajo como empezarla y ella había apenas había tenido tiempo para dormir. Luego llegó la calma, para todos menos para su cabeza. Las fiestas se sucedían en las calles, una tras otra. La ciudad quería olvidar el horror y no dormía. Nicasia tampoco, se pasaba lo días encerrada en su habitación, enterrada en una rutina que consistía en beber y en dormir. La paz por la que tanto había luchado había dejado de importarle, sus pensamientos volvían una y otra vez a una celda en el sótano y a su ocupante. Pensaba ella con tanta entrega que llegaba a dolerle, a dolerle de verdad, a convertirse en malestar, en enfermedad.
La ingeniera no se había imaginado que el corazón podía llegar a pesar, se le había convertido en un peso amargo colgado entre las costillas. A veces miraba su arma, que reposaba sobre la mesa, la miraba con ansiedad porque le parecía una promesa de paz y ella, que en momentos peores se había aferrado a la vida con desesperación y había soportado lo insufrible para seguir respirando, en esos momentos repudiaba hasta su propia existencia. O eso le gustaba pensar. Lo cierto era que en lugar de coger la pistola agarraba la botella más cercana y se hundía en sus miserias. Habría querido llorar, intuía las lágrimas igual que se intuye un parto, le bordeaban los ojos, la incomodaban, la hacían sentirse agotada y enferma pero no salían. No era el momento. Perdió la noción del tiempo, del día y de la noche. Acababa de ganar una guerra y de perder otra. El mundo había dejado de interesarle, solo contaba la celda y las preguntas que encerraba.
No habría salido de su cuarto de no haberse quedado sin bebida, tal vez ni eso la hubiese sacado de su celda sino hubiese empezado a temblar, con tanta fuerza que temió que la carne se le descolgase de los huesos y luego las paredes empezaron a bailar, y se llenaron de manchas. La habitación se convirtió en un horno que la hacía sudar mares de hielo. Logró ponerse en pie tras muchas maniobras, vomitó algo repugnante mezclado con sangre. Cogió uno de sus trabucos y abrió la puerta. Era de noche, el pasillo del taller del Maestre Avispa estaba desierto y a la ingeniera le pareció que fuera helaba. Su primera idea había sido conseguir más botellas y encerrarse de nuevo para morirse de una maldita vez. Pero pensó que no quería dejar este mundo con tantas preguntas en la cabeza, no se lo merecía. Se deslizó por las alcantarillas y sin apenas pensar empezó a caminar. Sabía que no llegaría hasta las celdas de palacio, estaba bien protegidas. Al menos llegaría hasta uno de los patios sin cruzarse con nadie, le bastaba con eso.
El camino se le hizo lento y pesado. Ni una sola vez pensó en volverse. Cuando por fin no le quedó más remedio que salir al exterior la sorprendió una noche invernal y despejada, con la sonrisa de la luna colgada en el cielo helado. Una de esos momentos en los que te sientes capaz de reconciliarte con el mundo. Nicasia miró hacía arriba sin dejar de tiritar, que ridículo que la vida tuviese tanto que ofrecer y ella estuviese empeñada en conseguir lo que no podía tener. Que estúpido sufrir por lo imposible y sin embargo la voz de la razón no era capaz de matar su agonía.
-¡Quien va¡-el tono marcial apenas la hizo estremecer. Conocía al dueño de la voz y no lo respetaba.
-Dama Nicasia- dijo ella descolgándose el arma del hombro.
-¿Capitana?- Aglanor no ocultó su desconcierto y ella no se ofendió, imaginaba el aspecto que tenía.
-Vengo a hablar con la prisionera.
-¿Qué prisione…-Cayó en la cuenta rápidamente y endureció el tono-Imposible capitana, la reina ha prohibido cualquier contacto.
Nicasia alzó el trabuco con el dedo en el gatillo. Los soldados que acompañaban al capitán de guardia se encogieron sin pretenderlo.
-Es mi prisionera, fui yo y no su majestad quien la encerró donde está. Llévame hasta ella antes de que esto sea una carnicería.
Los soldados había sacados sus ballestas, tenía cinco armas apuntándole al pecho.
-No puede hacer nada contra todos-Repuso Aglanor.
-¿Vuestros juguetes contra mi trasto?- Tensó una sonrisa despectiva-Vosotros moriréis antes que yo. Sabéis quien soy, sabéis de lo que soy capaz. Llévame a ver a la prisionera y no conviertas esto en un concurso de ver quien mea más lejos. Te ganaría sin quitarme los pantalones.
-Tengo ordenes.
-Y yo tengo un arma y estoy muy borracha. Esto va a ser una carnicería.
Aglanor miró la ingeniera, no quería ceder, era obvio que estaba muy feliz con su recién estrenado papel de capitán de guardia y el peor de los comienzos era dejando que socavasen su autoridad delante sus soldados. También sabía que ella estaba lo bastante loca como para cumplir su amenaza, no sentía cariño por los elfos y no respetaba una cadena de mando a la que no pertenecía. Era una de esas situaciones que todo militar odiaba, perdería tomase la decisión que tomase.
-Esta bien-capituló el elfo-Es tu prisionera. Pero no tendrás demasiado tiempo.
Nicasia no soltó en trabuco, ni dio ninguna muestra de satisfacción.
-Abre la comitiva y deja aquí a tus amigos.
Para la ingeniera las escaleras siempre eran una tortura, no podía doblar la rodilla y debía hacerlo adelantando la pierna lisiada escalón a escalón , era un método lento y la hacía sentirse ridícula incluso cuando estaba sobria y no se tambaleaba. El descenso hasta los calabozos fue interminable, al terminar descubrió que ya no era la falta de alcohol lo que la hacía temblar, que estaba ardiendo de pies a cabeza. Aglanor la condujo hasta un largo pasillo solitario y hablo con los carceleros, dos gigantescos trolls de las montañas azules que no tenían el aire siniestro que se le supone a la profesión y que se limitaron a mirarlos con aburrimiento. Ellos cumplían ordenes y sí un pez gordo quería pasar , no serían ellos los que se opusiesen. El elfo pidió las llaves de la puerta del pasillo y la abrió, un largo corredor apareció ante la ingeniera.
-Date prisa- gruñó
-Quiero verla, tendrás que abrir la celda.
-De ningún modo. Ya puedes volarme la cabeza, no seré responsable de su fuga.
-Cada celda tiene dos puertas, la reja y la puerta. Deja los barrotes, pero la puerta ábrela. Quiero verla.
-¿Por qué debería hacerlo?
Nicasia se acercó al sidhe y lo miró a los ojos.
-¡Porque me lo he ganado¡!Porque yo he sido más fiel a esta ciudad y a su reina de lo que ningún elfo lo será jamás¡ ¡Y ahora quiero me lo pague¡
-Y nosotros pensando que tu entrega era desinteresada.
-No me conoces.
El elfo aceptó a regañadientes. Abrió la puerta.
-No estaré muy lejos-advirtió
Nicasia no contestó, tenía la mirada fija en el interior de la celda.
Manx estaba de pie, dándole la espalda. Aun llevaba la misma ropa que el día que la apresaron, las prendas se habían apelmazado y adquirido un color imposible. El frío mitigaba el olor y aun así era insoportable. Podía adivinarse la recién adquirida delgadez del cuerpo de la phoka bajo sus harapos. La ingeniera sintió una punzada de dolor que la dejó sin palabras. Ahora que estaba donde quería no sabía que decir.
-Pensé que no me visitarías nunca- La voz de Manx delató el largo silencio que había sufrido.
-No sé ni a que vengo- confesó Nicasia
-A tranquilizar la conciencia.
-No, hice lo que tenía que hacer. Me obligaste a elegir.
-Si, pensé que me elegirías a mi. Habías dicho que me amabas.
-Nadie ama tanto. ¿La ciudad o tú?¿En serio estabas dispuesta a semejante monstruosidad para salvarme solo a mi?
-Así es el amor.
-No, eso es no es amor. El amor no te obliga a elegir.
Manx se giró, el encierro la había convertido en una sombra patética en lo que lo único que recordaba lo había sido era la fuerza de sus ojos dorados
-Lo es, el amor se demuestra cuando estás dispuesta a sacrificar cualquier cosa. Yo estaba dispuesta a perderlo todo menos a ti. Y tú no has podido renunciar a nada. Nunca me has querido.
Nicasia recibió la respuesta como una bofetada.
-Estas loca. Estas loca y me he dejado arrastrar por tu basura. Me has hecho débil, nunca antes me había sentido así. ¡Yo era fuerte hasta que te conocí¡
-Estoy segura de que no pensabas eso mientras me quitabas la ropa. ¿Te sentías débil entonces?
-Entonces no pensaba, ahí estaba mi error. Nada que te haga sentir así puede ser bueno.
-Fuiste feliz, no puedes negar que por primera vez fuiste realmente feliz.
-Esa felicidad no compensa lo que me haces sufrir. Solo quiero volver a ser yo.
-Pensarías de otro modo si te besase una sola vez.
La ingeniera negó con la cabeza.
-No quiero volverte a ver. Nunca más.
-¿Por eso has firmado mi sentencia de muerte?-Preguntó la gata
-¿Qué?-Nicasia
-Me han condenado a la horca, mañana por la noche.
-No…
No sabía nada, necesito un momento para poder asimilar la noticia. Eso se había urdido a sus espaldas, mientras ella estaba demasiado ocupada tratando de perder la memoria.
-No, no lo permitiré. No los dejaré, mataré a cualquiera que te ponga una mano encima.
-Aun me amas.
-Muy a pesar mio-confesó
La gata se aproximó a la reja y saco los brazos, Nicasia besó la phoka, larga y desesperadamente. Comprendía hasta que punto la condenaba a la miseria aquel beso, el daño y el alivio que le concedía. Por fin pudo llorar.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Felices Brumalias

Es muy curioso y poca gente lo sabe: la biblia no menciona en ninguna parte la fecha del nacimiento de Jesucristo, ni siquiera la estación en la que sucedió este hecho, Algunos historiadores señalan que el evangelio según San Lucas parece indicar que sucedió en verano, ya que los pastores reciben la anunciación cuando vigilan sus rebaños en campo abierto en plena noche, algo que solo se hacía durante la época estival. En invierno los rebaños se estabulaban (por eso no pasar un frio de narices guardando ovejas). Dos siglos después de su nacimiento este acontecimiento no se celebraba ya que los cumpleaños tenían poca o ninguna importancia en este periodo de la historia. Sin embargo los teólogos si trataban de averiguar dicha fecha, sin que existiese unanimidad se barajaban cuatro posibilidades: 1 y 6 de enero, 25 de marzo y 20 de mayo.

¿Por qué entonces el 25 de Diciembre? Los romanos celebraban las “Natalis Solis Invicti” El nacimiento del sol invencible, vinculado a dos dioses: Apolo y Mitra. Hay una lógica aplastante para celebrar el nacimiento del sol en estas fechas: el solsticio de invierno, la noche más larga de todo el año. Tras esta noche el sol vuelve a recuperar su fuerza y los días comienzan a alargarse, es un preludio de la primavera y de todo lo bueno que viene con ella.

Los romanos celebraban por esta fechas una fiesta conocida como las Brumalias y sus celebraciones eran similares a las de nuestras navidades (comidas familiares, pequeños regalos, fiestas oficiales) y venían precedidas por las Saturnalias, que celebraban al Dios Saturno y duraban siete días. Ambas celebraciones obligaban a dar días libres incluso a los esclavos. Se promovía la fraternidad y se condenaban los actos crueles (menos sobre los animalillos que se papeaban, o sacrificaban. No era precisamente una fiesta vegana)Para los cristianos resistirse a la idea de celebrar banquetes, ir al circo o recibir regalos era complicado (los entiendo perfectamente) y los paganos adoraban sus fiestas. Así que los padres de la iglesia decidieron que no hay dios más victorioso que el suyo, que ha vencido incluso a la muerte. La luz de Cristo sustituyó la de Apolo y Mitra.

Fue otro emperador romano, Constantino, quien acabaría por instaurar todo el esplendor de estas fechas, quizás (y solo quizás) porque antes de convertirse al cristianismo era seguidor del Dios Sol. En el 337 con el bautismo de Constantino las “natalis” empezaron a cobrar importancia, la cual fue reforzada en el 354 por el obispo Liberio de Roma que insistió en la importancia de conmemorar el nacimiento de Jesús como medida evangélica, para acabar de eclipsar las fiestas paganas.

Si quieres saber porqué celebramos el 1 de enero en estas fechas puedes leerlo en este enlace

http://cortedelosespejos.blogspot.com/2010/01/nochevieja-y-otros-cuentos.html

Y si quieres conocer de donde viene la celebración judía del Hannukah aquí:

http://cortedelosespejos.blogspot.com/2008/12/feliz-hanukkah.html

sábado, 26 de noviembre de 2011

Motivos para no hacerlo

Está hecho, “La Corte de los Espejos” es un libro acabado y, por fin, empieza su periplo editorial. Ayer le puse broche a tres años de mi vida. No creo que haya en la historia de la literatura una novela que haya sufrido tantos contratiempos en su recta final como esta: ordenadores destrozados, accidentes caseros, debacles personales, plazos de entrega…parece todo quería confabularse contra el final feliz. Pero ahí está. Nadie podrá decir nunca que no he luchado hasta la última palabra. Y compensa, he disfrutado tanto como he sufrido. Me ha servido para trabajar codo con codo con una persona generosa y extraordinaria. Y además he tenido a unos maravillosos amigos dándome ánimos en todo momento.

Si, ha sido toda una experiencia, un enorme esfuerzo y ahora ha terminado. Ayer decidí culminar el esfuerzo imprimiendo una copia del PDF. No podía dejar de sonreír, que gordita es, cuanto trabajo.

Ahora me siento un poco vacía, rara, desocupada. Se me pasará…solo tengo que volver a acostumbrarme a tener tiempo libre, sinceramente, no creo que me cueste demasiado. Tampoco creo que tarde en volver a ponerme a escribir. “La Corte de los Espejos” me ha descubierto una vocación que siempre he tenido pero que nunca había explorado del todo. Me ha cambiado y si ha sido para bien o para mal ya lo averiguaré. No tengo prisa.

Desde luego me ha servido para entrar en contacto con un mundo, el de los escritores, que es muy curioso. Hay muchísima gente que escribe, muchos modos de escribir, muchos géneros y una diferencia brutal entre la imagen idealizada del oficio de escribir y la cruda realidad. Si nos ponemos a analizar descubrimos que casi todo el que se aventura a escribir lo hace movido por los mismos motivos. Y que esos motivos son, en muchos casos, el mejor modo para estamparse de morros con la dura verdad.

Como os quiero y no me gustaría que os llamaseis a engaño os voy a dar una lista de cosas que no deberían motivar a nadie a empezar a escribir:

-Porque quiero publicar: Voy a daros datos ofrecidos por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) Por supuesto estos datos se refieren solo edición tradicional (libro físico). La autoedición de cualquier tipo no queda reflejada. No conozco demasiado del tema y no me gusta hablar de cosas que no sé.

Solo un 10% de los manuscritos que llegan a editorial se publican. De ese tanto por ciento de afortunados autores publicados menos de la mitad llegaran a publicar una segunda novela.. Podrías pasarte entre uno y dos años esperando respuesta editorial. No te engañes, tener agente no cambia el dato. Entrar en una agencia es tan difícil como el mero hecho de publicar. Es muy posible que sin algún tipo de enchufe o mucha suerte jamás recibas respuesta editorial. “ Yo tengo talento” puedes pensar. Eso es maravilloso, pero en ese punto publicar es una lotería. Libros brillantes se descartan por motivos puramente comerciales y por la misma causa salen a papel ciertas obras que te hacen dudar de la cordura de algunos editores.
A veces los escritores son solo objetos de temporada para las editoriales, ellas hacen sus balances y deciden. Tus expectativas o lo que creas que tu obra se pueda merecer no se refleja en sus libros de cuentas.

CUIDADO CON LA COEDICIÓN: Es una solución, y puede ser una excelente carta de presentación para tu novela si eres un autor novel con ganas de darse a conocer. Pero mira con lupa con quien vas a coeditar. Algunas de estas empresas se dedican a aprovecharse vulgarmente de las ilusiones de autores incautos. Te sacarán la pasta, moverán el libro lo justo para amortizar su inversión y luego ahí te pudras. Igual que en una editorial normal pero encima perdiendo dinero.

Si vas a coeditar tienes que ser listo y saber cómo quieres mover tu obra. Es difícil si vas de nuevas y lo ves todo color de rosa, con eso cuentan ellos. Ya de paso mira el contrato mil veces. A veces firmar con esta gente es casi como firmar con sangre un contrato misterioso.

-Por el dinero: Pues directamente, olvídate de la coedición.
En cuanto al dinero, bueno si, es tentador. Los escritores que viven exclusivamente de eso son una minoría privilegiada. El resto tiene un empleo “de verdad” para pagar las facturas. Y escribir necesita mucho tiempo; horas que le robas a tu ocio, a tu familia, a veces hasta al sueño. Sarna con gusto no pica y por eso escribimos. Pero hablando fríamente y calculadora en mano…tal vez no te compense.

-Por la fama: En serio, si escribes por eso no estás en el país correcto. A menos que salgas en la tele anunciando pan de molde, te van a conocer en tu casa y, a lo sumo, un par de lectores apasionados. La parte buena es que podrás seguir bajando al super sin ir de incógnito. Lo de firmar autógrafos no es tan habitual como pueda parecer.

-Quiero ligar: Si, los escritores son famosos por su desenfrenada vida de sexo y glamour…en mi imaginación al menos. Bueno, si consigues ser un crack y ganar mucha pasta seguro que triunfas entre el sexo contrario (o en el propio, o en los dos). Sino, tampoco hace falta que escribas nada, pon pose de intelectual y échale cara. A veces funciona y el polvete no te lo quita nadie. Eso sí, no uses esta técnica en la discoteca de ningún polígono industrial. Y ponte colonia.

En fin, como veis acabo de terminar una novela que se ha llevado una parte importante de mi tiempo y mis energías. Y tal vez esta novela nunca llegue a nada. Tal vez llegue y sea lo flor de un día y es muy posible que no me saque de pobre .Si vas a escribir, hazlo porque tienes algo que contar, hazlo porque deseas hacerlo y disfruta cada palabras que dejes en la página. Hazlo por ti. Lo demás llegará si tiene que llegar, y si no llega, nadie podrá quitarte la satisfacción de la experiencia.

lunes, 24 de octubre de 2011

Reencuentros

Pronto estrenaré mi aventura vistoriana por entregas. Mientras os dejo un relato a vuela pluma


Reconoció su voz. Había cambiado con los años, claro está. Ahora era la de un adulto, sin embargo ella tenía aquella voz grabada a fuego en su memoria. En el departamento de los malos recuerdos.

Levantó la cabeza y miró sobre los estantes de libros, como un animalito advertido de la presencia de un depredador. Tanto tiempo y aun ese leve escalofrío recorriéndole la espalda, le volvieron a la cabeza la humillación y las risas, el miedo perenne. Recordó de un mazazo lo horrible que es ser una niña que quiere morirse todos los días.

Estaba a unos pocos metros, ojeando las páginas de un libro. Lo miró por primera vez, sin poder creerse que no fuera un monstruo, que tuviese un rostro vulgar, casi anónimo. Solo una persona entre millones. Y sin embargo aquella voz, en un timbre más agudo, había poblado sus primeras pesadillas, le había arrancado sus primeras lágrimas. Por esa voz amanecía en una cama helada y húmedad cuando se supone que los niños ya no hacen esas cosas.

Sació su curiosidad mirándolo sin disimulo, clavándole los ojos casi con saña, esperando que levantase la cabeza del libro y la viese. Algo se le revolvió en las tripas. Recuerdos de una infancia de mierda. Toda la inseguridad, todo el miedo…todo lo que vino después. Años y años de dar tumbos entre la pena y la rabia. “Levanta la cabeza y mírame” pensó. Quería que la reconociese, quería leer en su cara que pensaba de aquel reencuentro. Quería que se sintiese mal, que se le estorbase la conciencia.

Trató de pensar seguramente nunca había sabido hasta que punto la hería. Respiró hondo, pues ya era hora de que lo supiese. Estaba allí, podía acercarse y saludarlo, podía preguntarle si se acordaba de ella. Obligarle a mirarle ahora que ya era adulta y hacerle sentir por unos segundos el peso de su odio. Devolvió el libro a su sitio y se acercó hasta él, intentando no vacilar, ignorando los consejos de su parta sensata, o tal vez cobarde, que le rogaba que lo dejase estar.

Una figurita pequeña se le coló entre las piernas. El monstruo de su infancia se agachó y cogió en brazos a un adorable mocoso. No era muy hábil calculando las edades de los críos, debía tener tres, tal vez cuatro años. De repente el verdugo se había convertido en un padre que limpiaba un churrete de la mejilla de su retoño como cualquier otro padre del mundo y ella era una roca en mitad de una tempestad de sentimientos.

Otra voz, está vez del presente, la reclamó. Un padre y su hijo salieron de la tienda para perderse entre la marea de gente. Tuvo la certeza que nunca más volvería a verlo. Se giró. El rostro que la llamaba le inspiraba buenos sentimientos. Sonrió y le dio la espalda a la puerta mientras el pasado se alejaba.

lunes, 10 de octubre de 2011

Seamos sinceros: la aventura de La Corte de los Espejos se ha terminado.
Bien, ahora que gracias a esta frase efectista y un tanto imbécil tengo a alguno que otro al borde del infarto, ya puedo explicaros a que me estoy refiriendo; Muchos me habéis preguntado que cuando voy a colgar las ultimas entregas de las aventuras y desventuras de Dujal y Nicasia por estos lares. La respuesta es sencilla: por ahora no. Esto no quiere decir que vaya a dejaros sin conocer el desenlace de la historia, pero por el momento La Corte de los Espejos anda paseándose por ahí, buscando un posible cambio de formato y estas cosas requieren su tiempo. Os ruego que tengáis un poco de paciencia. Y os tranquilizo: de un modo u otro conoceréis la suerte final de mis atípicas hadas, el tiempo decidirá como.

Los primeros lectores sabéis que empecé escribiendo esto como un pasatiempo, y que ni se me pasaba por la cabeza que tuviese la más mínima oportunidad de convertirse en una novela. Jamás pensé que escribir pudiese ser algo más que un hobby que compartía con algunos lectores solidarios. Aunque al parecer Nicasia tenía sus propios planes. Y no sé de que me sorprendo, ella siempre ha tenido las ideas más clara que yo. Pase lo que pase, la ingeniera siempre será un personaje especial para mí, y siempre recordaré las puertas que me ha abierto, los sitios a los que me ha llevado y, sobre todo, la enorme cantidad de gente que me ha hecho conocer. Con Nicasia he descubierto que escribir es más que nada una devoción. Pese a que supone muchas horas a solas delante del ordenados, pese a que el mundo editorial no ofrece garantías de nada y que puede hacerte pasar ratos muy duros, los malos tragos quedan compensados por esos momentos en los que vas llenando paginas en blanco y te das cuenta de que estas contando justo lo que querías, con tus palabras y tu voz. Y que puedes compartirlo. Ese momento, es el que te hace escribir, lo demás son añadidos, muy agradables no lo niego, pero la base debe ser que quieras contar algo sin preocuparte de nada más.

Y precisamente eso es lo que voy a hacer. La Corte de los Espejos está vagando por ahí, tratando de averiguar si tiene alguna posibilidad de darse conocer. Y las cosas de palacio van despacio. Pero no es la única historia que tengo en la cabeza, va siendo hora de darle salida a otros personajes que esperan su oportunidad.Además mientras escribo no pienso (y todo lo que ayude a que no me suba por las paredes tiene que ser bueno por cojones)

Tengo que confesaros que hay otro motivo para dar salida a esta historia. Este año he empezado la aventura del Biblioforum, y estoy encantada, sobre todo porque gracias a eso he conocido a tres caballeros maravillosos. No me avergüenza decir que frente a ellos me siento una mera debutante, ellos tienen el respaldo que a mí me falta: la tinta sobre el papel. Tengo que darme a valer, hay que demostrar que uno está donde está porque se lo merece. Y el movimiento se demuestra andando, no tengo de mi lado la edición física, eso es impepinable. Pero tengo este blog, y es mi voz. Mi tarjeta de presentación. Así que hay que darle uso y sobre todo, ofrecer un contendo que merezca la pena ser leído.

El blog va a sufrir algunos cambios necesarios, tengo que adecentarlo un poco. Y va a convertirse en el hogar de una nueva inquilina: La señorita Meredith Sutherland, Capitana de la segunda sub división de secretarias del ejército de su majestad Victoria II. Una solterona a la que le queda poco tiempo para cambiar su papel en el mundo.

Por fin me voy a meter de lleno en una historia steampunk, una corriente que me apasiona y que, según mi opinión, se presta mucho a la comedía.
Espero que le deis una oportunidad a la pobre mujer, porque sinceramente necesita que le echen una mano. Debe ser muy duro intentar conquistar el amor del hombre de tus sueños mientras te asedian todo tipo de enredos burocráticos, en una ciudad que está bajo una pérfida amenaza voladora y en la que, a veces, crees ver dinosaurios…
Voy a dejar que se presente ella con sus propias palabras:

El espejo era parte de la escueta herencia de mi madre, mujer que podía darse el lujo de ser “demasiado coqueta” según la opinión de mi severo padre y una “verdadera golfa” según otras opiniones menos amables, fruto seguro de la envidia. La paga de mi progenitor era escasa y al lechero hay que pagarle de algún modo, y al carnicero, y al deshollinador, pese a que no teníamos chimenea. Mi madre era una esposa sacrificada. Eso decía ella. ¿Por qué no iba a creerla?
Había colocado a aquel testigo de días mejores cerca de la puerta de la entrada de mi modesta vivienda. Por darle algo de lujo a tanta sordidez. Era cuadrado, enorme, con un trabajado marco de latón dorado. Bien cierto es que los dos dedos de polvo que cubrían sus regias molduras lo desmerecían un poco y que la plata tras el cristal empezaba a nublarse y a salpicarse de puntitos negros. Tal vez no cuidé tan preciado recuerdo como se merecía. Perdónenme esa lamentable dejadez, pero entonces cuidaba de una anciana senil y demasiadas veces tenía que dedicarme a hacer caldos, lavar sabanas y, si me sobraba tiempo, zurcirme las medias. El caso era que el amado trasto tampoco se merecía nada mejor: cada vez que salía o entraba de mi casa, cada vez me ponía el abrigo y le daba dos vueltas a mi única bufanda, el ingrato se encargaba de recordarme la escasez de mis encantos: Los ojillos miopes tras las gafas, el pelo salvaje de un color que no era ni rubio ni castaño, la broma que era mi nariz en mitad de la cara. Una mañana me harté de su innecesaria sinceridad y lo vendí a un ropavejero. Me dio lo justó una lujosa merienda a base de merengues y chocolate caliente…Espero que no les ofenda mi lenguaje, pero al demonio con las herencias familiares de tres al cuarto.


Así que queridos lectores, saquen sus impertinentes, sus goggles, engrasen los pistones y echen agua a las calderas. La Corte de los Espejos se pone retrofuturista…y absurda.