miércoles, 2 de enero de 2013

Nochevieja y otros cuentos.


Espero que a estas alturas todo hayamos superado la resaca de Nochevieja y estéis preparando el estomago para el roscón. La festividad de Año Nuevo es a día de hoy una celebración casi global, y milenaria, aunque no siempre se celebró en invierno. Yo espero que este 2013 los dioses os sonrian

En occidente las primeras noticias que tenemos de una celebración de “fin de año” provienen de Babilonia, se celebraban en lo que hoy serian finales de Marzo, en el equinoccio vernal o de primavera. Las celebraciones duraban once días. El primer día un sumo sacerdote se despertaba antes del alba, se purificaba con un baño ritual en el Eufrates y ofrecía cantos en honor a Marduk, dios de las cosechas, para rogar por un nuevo ciclo de cultivos prospero y abundante. Después se frotaban los muros del templo con la sangre de un cordero recién decapitado para que esta limpiase el edificio de malos efluvios. Este ritual inciaba una fiesta llamada Kuppuru, palabra que luego usarían los hebreos en su día de la Reparación, que nosotros conocemos como Yom Kippur. Tras estos actos solemnes se sucedían los banquetes y se consumían todo tipo de bebidas. De este modo se agradecía la abundancia y se buscaba el favor de Marduk. Era costumbre celebrar danzas y desfiles de disfraces en honor de la diosa de la fertilidad, y por supuesto pues hacer otro tipo de cosas todas ellas muy fértiles, muy de retozar.

Como se pasó el fin de año de la primavera al invierno es una historia bastante curiosa. Enero es un momento muy extraño para celebrar un cambio de ciclo. Astrológicamente hablando no ocurre nada significativo y desde punto de vista agrícola tampoco es que sea un mes muy propicio, tuvieron que venir los romanos con sus politiqueos para hacer el cambio. Ellos también celebraban el año nuevo en Marzo, tenían ademas un calendario solar, pero los altos cargos de la república variaban continuamente la duración de los meses para alargar sus mandatos (la caradura en los políticos es algo casi milenario). El calendario romano llegó a tener tan poca relación con los ciclo naturales o astrológicos que en el año 153 a C se impone por primera vez Enero como principio de año para evitar confusiones. Pero esto no logró evitar que los altos cargos del senado le siguieran metiendo mano a la duración de sus mandatos alterando la duración de los meses, llegó a ser tan escandaloso que Julio Cesar (Después de que al año 46 a. c durase 445 días) consideró vital ponerle freno a esta costumbre para asegurar el buen manejo del imperio. Él creó el calendario juliano y las celebraciones del día 1 pasaron a ser las habituales del año nuevo.

En época cristiana la iglesia prohibió estas celebraciones por considerarlas paganas, impúdicas y faltas de moral, pero no debió tener mucho éxito porque siguieron celebrándose. Se trató de cristianizar las fechas convirtiéndola en el “Día de Circuncisión del Señor”(como si que un rabino te corte el capuchoncillo sea cosa de mucha guasa), el éxito de la idea fue mas o menos nulo y la Iglesia prohibió totalmente cualquier fiesta de año nuevo.

Durante la Edad Media esta fecha no se celebraba y no fue hasta el s XVII cuando volvemos a saber de la nochevieja como una fiesta promovida por las distintas cortes de Europa. La iglesia mantiene lo del desencapuchamiento y no la considera fiesta religiosa.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Os presento a León Alcázares

¿Qué quien es León Alcázares? Pues el protagonista de "El extraño caso de la mujer transparante" ¿Qué es eso? Bueno, echadle paciencia que os queda mucho tiempo aun para averiguarlo.



“La limpieza es la única dignidad que se puede permitir un pobre”, solía decirle su mujer. El saloncito estaba reluciente. Una patrulla de vecinas y parientes henchidas de caridad cristiana, se habían prestado a ayudar desde el primer momento, y lo habían preparado como si fuese un escenario. La habitación relucía modestamente, limpia, con unas cortinas nuevas que engalanaban el pequeño balconcito y algunos adornos de flores en torno a una mesita preparada a conciencia para que pareciese un pequeño altar. No hubo tantos lujos cuando se casaron, aquel día, del que le separaban dos años, parecía tan lejano e irreal como un recuerdo de la infancia.

No se podía decir que se hubieran casado felices; se conocían poco y el noviazgo había sido formal y corto. Pero al menos se casaban confiados en que unían sus vidas según los deseos familiares y que tenían toda la vida para conocerse. Así que empezaron una vida en común intimidados y llenos de esperanza. La felicidad vino después, aunque fue breve, y solo con el nacimiento del pequeño Daniel, parecía haber revivido de alguna manera. El niño reposaba sobre su cunita. La habían pintado de blanco la noche anterior y el olor pringaba la estrechez de las cuatro paredes.Olía a algo más, pero era mejor no pensar en eso. Centró la vista en su hijo: tenía apenas dos semanas de vida, había nacido pequeño y frágil y las vecinas habían tenido que arrancárselo de las manos a la madre para poder vestirlo como a un pequeño príncipe con una ropita bautismal blanca, adornada con cintas y encajes.  Todo estaba listo. Limpio y, al parecer, carente de lujos, aunque la foto en sí misma les había costado sus magros ahorros y la ropa del crío era algo que apenas nadie en el barrio podía permitirse. Pero su mujer siempre insistía en recordarle que sus ojos eran pobres y que era su culpa que ella no pudiese tener ningún lujo.

León Alcázares centró su atención en el cuerpecillo que reposaba en la cunita. Era su hijo, aunque en los dos últimos días de pesadilla apenas había sido una sombra que molestaba todo el ajetreo de comadres ocupadas en sacar brillo. Cuando las mujeres insistieron que su lugar estaba en la taberna con los otros hombres tuvo el impulso de echarlas a todas de su casa y quedarse tranquilo de una vez, a ver si así podía salir de aquel estado de incredulidad que le embalsamaba el alma. Era su hijo, pero tenía la sensación de que su papel en aquello había sido insignificante, apenas unos jadeos y algo de sudor, un espasmo de placer obligado y ya está. Después solo le quedó observar y esperar. Su alegría y sus inquietudes, todos sus sentimientos, quedaban empequeñecidos por el vínculo entre la madre y el hijo. “Tú qué sabrás lo que se sufre”, le había dichoella una vez  acariciándose el vientre en un gesto con el que tomaba posesión absoluta del fruto de sus entrañas. Su trabajo no era otro que proveer. Y eso había hecho. Y se había comportado en todo momento como un hombre cabal y un caballero. Había visitado a todos los fotógrafos de Barcelona, haciendo números con el corazón encogido y los ánimos tan anestesiados por el deber que apenas ahora, frente a la cunita del niño con el que casi no había podido compartir nada, empezaban a despertarse de su letargo. Se levantó de la silla en la que se había dejado caer y se fue acercando con pasos vacilantes hasta la cuna. Él habría querido que tuviese su nombre, León, para que llegase a convertirse en un hombre fuerte. Pero su madre quiso darle nombre de profeta, de un profeta que había vencido a los leones y a la muerte.

León sacó de la cama al niño con toda la delicadeza que le permitieron las manos temblorosas. No había tenido muchas ocasiones de cogerlo en brazos, ni de mecerlo. Su niño, con la carita redonda y abotargada de los recién nacidos y sus ojitos firmemente cerrados, pesaba menos que un gato y olía a flores y a cera. Le apoyó la cabecita sobre el hombro, con la ridícula idea de que estuviese cómodo. Su niño, que nunca había sido suyo y nunca más lo sería. Su niño, que solo en aquel instante lo era. Tras dos semanas de agonía, rompió a llorar en silencio sin saber si lloraba por él mismo o por la miseria del momento. Lloró agarrándose al cuerpecito con una desesperación que le destrozaba el pecho.

Un rumor de voces empezó a desbordar el pasillo. Irrumpieron en el salón como lo habrían hecho si estuviese vació, sin delicadeza, rompiendo el alivio de su llanto. Alguien le quitó al niño de los brazos y le proporcionó unas sosas palmaditas de consuelo en la espalda.

-Baje usted a beber algo, hombre -le dijo alguien.

León no había bebido en su vida y no empezaría ahora. Se giró para ver al desconocido que entraba seguido de dos jovencitos que cargaban una caja negra con los cantos dorados. Reconoció al fotógrafo, un hombre bajito y repeinado, vestido solemnemente con ropas de duelo.

-¿Dónde han pensado colocar al difunto? –preguntó reconociendo la habitación con la rutina del experto-. 
No ahí no. Hay que cambiar la mesa de sitio, no hay buena luz. El niño está muy bien, no hace falta maquillarlo.

Una vecina colocó de nuevo al niño en su cuna y recompuso la ropa. Los ayudantes del fotógrafo empezaron a mover la mesa según las indicaciones de su jefe. Su mujer entró en la habitación del brazo de su madre, ambas enlutadas, serias, teatrales. Sintió una oleada de asco y de odio que lo hizo salir de la habitación sin mirar a quién empujaba. Él era prescindible en aquel drama de pantomima. Cogió su abrigo, en la calle refrescaba. Dejó la casa sin hacer ruido. Y se marchó sin que nadie lo echase en falta. Como si fuese transparente.





domingo, 9 de diciembre de 2012

Feliz Hannukah



En hebreo Hanukka quiere decir "consagración”. Esta celebración también es conocida como fiesta de las luminarias o fiesta de los macabeos. Son ocho días para conmemorar el milagro de la purificación del Templo de Jerusalén. Algunos se preguntarán: ¿qué milagro?¿Qué templo?¿Quienes son los macabeos? A ver si os lo puedo explicar:

Había una vez un rey llamado Antíoco IV Epífanes que, allá por el 175 a, C decidió helenizar al pueblo de Israel. Helenizar no quiere decir pasar por detergente a los israelitas, sino educarlos en las buenas costumbres griegas de la época. Surgieron entonces los macabeos, un grupo de judíos liderados por Yehuda Macabí,  que se enfrentaron a los griegos negándose a realizar cualquier acto que fuese en contra de su propia religión  (Siendo esta la religión judía seguro que la lista de actos irrealizables era larga y extensa) . Surgieron supuestos mártires como Hannah y sus siete hijos, que fueron torturados y asesinados por negarse a comer cerdo. Así que se inició una larga y cruel guerra, casi de desgaste, que acabó por darles buenos frutos, porque finalmente  ganaron y regresaron a Jerusalén.

A la vuelta encontraron  que sus templos estaban destrozados y que no había manera de celebrar los cultos como dios manda (Y Yahvé manda un montón). En el gran templo apenas había aceite para  el altar. Si encendían las luces solo les duraría un día. Pese a todo, decidieron celebrar la ceremonia y consagrar de nuevo el altar para festejar la victoria y encendieron la menorá , el famoso candelabro de siete brazos que todos habréis visto alguna vez. Cómo sería de bueno el aceite, que ardió durante ocho días seguidos, dando tiempo a los macabeos a reponer las reservas.  Esto se consideró una señal de que Dios bendecía su victoria. Macabeos (10:6-8), «lo celebraron con alegría durante ocho días, a la manera de la fiesta de los Tabernáculos... toda la asamblea aprobó y publicó un decreto en el que se ordenaba que todo el pueblo judío celebrara cada año estos días de fiesta».

Desde entonces, el 25 de Kislev (paralelo a los meses gregorianos de noviembre y diciembre, según el año) los judíos celebran este Milagro del Templo durante los ocho días que se mantuvo encendido el candelabro. No hay que confundir la menorá con el candelabro de Hanukkah; este tiene nueve brazos en lugar de siete. Las luces deben ponerse en un lugar que pueda verse desde la calle para hacer público el milagro que se celebra; salvo en periodo de persecución, que las velas pueden encenderse en la intimidad de las casas. Los brazos se van encendiendo a razón de uno por día y, a continuación, se entona una bendición:
בָּרוּך אַתָּה ה', אֱ-לֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בְּמִצְוֹתָיו, וְצִוָּנוּ לְהַדְלִיק נֵר חֲנוּכָּה. (נוסח אחר: נֵר שֶׁל חֲנוּכָּה או שֶׁלַּחֲנוּכָּה).

Baruj Ata Adonai Eloheinu Melej haOlam Asher Kidshanu beMitzvotav veTzivanu Lehadlik Ner Janucá (otras versiones: Ner Shel Janucá o Shel Janucá).

Bendito eres tu Adonai, Dios nuestro, Rey del universo, que nos santificó con sus preceptos y nos ordenó el encendido de la vela de Janucá.

Luego se entonan canticos tradicionales conocidos como Maoz Tzur. El primer día se celebra una comida familiar y se intercambian regalos.

Entre los niños es muy popular una peonza llamada dreidel, en cuyas caras están inscritas las letras iniciales de la frase Nes Gadol Hayah Sham («Gran Milagro Ocurrió Allí») si es fuera de Israel, o bien Nes Gadol Hayah Poh («Gran Milagro Ocurrió Aquí») si la peonza es para un niño israelí. Con esa peonza, los niños juegan con caramelos a «tomo todo, pongo la mitad, tomo la mitad, no hago nada», dependiendo de qué cara de la peonza caiga al hacerla girar.

martes, 20 de noviembre de 2012

Consoladores a vapor




Durante siglos, el simple hecho de ser mujer significaba que, en términos legales, dependerías durante toda tu vida de la autoridad de un varón. Esto se justificaba gracias al “carácter débil” y la “mentalidad inestable” que las mujeres poseían por naturaleza. La locura ha sido atribuida al sexo femenino hasta tal punto que la palabra “histeria” significa “útero” en griego.

Galeno pensaba que la privación de relaciones sexuales provocaba peligrosos desordenes de conducta en las mujeres más apasionadas. La cura perfecta era el matrimonio, puesto que la seguridad y las responsabilidades de la vida conyugal ayudaban estabilizar a  sus débiles sistemas nerviosos: la rutina y la sencillez de las tareas hogareñas eran perfectas para que tuviesen vidas plenas y felices. Las mujeres dominantes, o con un apetito sexual demasiado activo, eran rápidamente consideradas “histéricas”, así como solteronas, monjas, vírgenes… Cualquiera que viviese lejos de la sombra de un varón y por lo tanto (supuestamente) careciese de una vida sexual satisfactoria. Cuidado; cuando digo satisfactoria me refiero al varón, el orgasmo femenino ni se contemplaba. No era importante y durante largos periodos de la historia era condenado por la iglesia como “pecado” y “vicio”. El sexo no era una actividad recreativa, o al menos no debía serlo para las mujeres. Y así seguiría siendo durante siglos.


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En época victoriana, la histeria era un trastorno bien conocido y habitualmente diagnosticado. Algunos de sus síntomas eran: retención de líquidos, espasmos musculares, insomnio, dificultad para respirar, irritabilidad, pérdida del apetito, y mi favorito: “tendencia a causar problemas”. Un tratado de la época lo refleja del siguiente modo:

"Los trastornos motores son convulsiones o parálisis. Tradicionalmente, la crisis empieza por un aura, conformada por dolores abdominales, palpitaciones, sensación de atragantamiento y alteraciones visuales (ceguera parcial o completa). A continuación, se experimenta una aparente pérdida del conocimiento y en una caída controlada. Luego sobreviene la fase epileptoide, compuesta de paro respiratorio, tetanización, convulsiones y, finalmente, una resolución en forma de fatiga general y respiración ruidosa. Como fase final, se producen contorsiones (movimientos desordenados y gritos) y un periodo de trance, con remedo de escenas eróticas o violentas. El final de la crisis implica el retorno de la consciencia, acompañado de contracciones leves y expresión de palabras o frases inconexas relativas a temas pasionales”.

En 1859 se llegó a asegurar que una de cada cuatro mujeres sufría algún tipo de trastorno histérico, algo que no es demasiado extraño, ya que casi cualquier síntoma que padeciese una mujer se acababa relacionando con la histeria. Los tratamientos iban desde recomendar el matrimonio a las solteras a los más radicales, en los que se extirpaba a la paciente el útero y los ovarios. Por supuesto, en casi todos los casos, este último tratamiento era innecesario y tenía consecuencias nefastas en las desafortunadas que lo sufrieron.

Un tercer tratamiento, el más común y popular, era el “masaje pélvico”, que no era otra cosa que la estimulación manual de los genitales por parte de un médico o comadrona hasta que la paciente alcanzaba el “paroxismo histérico” (orgasmo). Estos masajes, como no, eran un tratamiento muy solicitado, e incluso existían balnearios y centros médicos donde se utilizaba un chorro de agua a presión para “aliviar” a las pacientes.
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Como dato curioso, os diré que entre las mujeres de “clase trabajadora”, si es que este termino se puede aplicar a la época victoriana, sufrían mucha menos histeria que las damas de buen nivel económico. Se ve que la que tenía que fregar suelos, lavar ropa, planchar, zurcir, cocinar y cuidar de sus hijos no tenían tiempo para preocuparse por el estado de sus nervios. O tal vez la cura más efectiva contra la histeria era trabajar de sol a sol.

Así que las histéricas damiselas acudían a la consulta de sus médicos, acompañadas de su marido o algún otro pariente cercano, para recibir un terapéutico masaje pélvico. Alcanzar el “paroxismo histérico” delante de tu señora madre no debía tener precio. Además, las histéricas eran consideradas pacientes crónicas, lo que, pese a que aseguraba a los médicos y comadronas una buena fuente de ingresos, no debía ser una tarea demasiado agradable, ya que en 1868, un doctor americano, George Taylor, inventó el primer consolador a vapor para aliviarse de una carga de trabajo que le consumía mucho tiempo y energía. Este primer artilugio era incomodo y no se hizo demasiado popular.

El consolador nacería en 1880 gracias al médico inglés Joseph Mortimer Granville. El aparato de Granville tenía forma fálica y funcionaba con pilas. Su patente sí fue muy bien recibida y abriría las puertas de un negocio millonario.





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Los vibradores se anunciarían como “instrumentos para combatir la tensión y la ansiedad femenina” en periódicos y revistas de venta por catálogo. Se vendían como aparatos médicos, alcanzaban las 1500  pulsaciones por minuto y tenían todo tipo de modelos: portátiles, con pie de apoyo, a vapor, a pilas y un largo etcétera. La revolución definitiva llegaría cuando el americano Hamilton Beach lanzó en 1902 el primer vibrador eléctrico para venta comercial, convirtiendo al vibrador en el sexto aparato doméstico en ser electrificado. Los vibradores llegaron a las casas mucho antes que electrodomésticos que hoy consideramos vitales, como el aspirador, que no se comercializó hasta 1910, o la plancha eléctrica, que lo haría en 1911.

Al ser considerados como instrumentos terapéuticos, se vendieron de forma respetable hasta mediados del siglo XX. Se podían comprar por catálogo, pero también estaban a la venta en grandes almacenes como la cadena americana Sears. En1952, la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito anticuado. Esto y su aparición como juguete sexual en películas pornográficas, acabó haciendo que el consolador dejara de ser un respetable electrodoméstico para pasar a convertirse en un tabú sexual. Aunque jamás ha dejado de ser un negocio muy lucrativo.

domingo, 14 de octubre de 2012

El Collar Maya






Me leí la primera versión de “El collar Maya” en Febrero, entonces se llamaba “El Collar del Maya”. Teo Palacios me pasó la versión explicándome que era una novela con fecha de caducidad, que la había escrito para pasárselo bien “No es como mi otras novelas”, me dijo con cierta cautela. En realidad quería decir: “No es tan buena como las otras”, como si uno tuviese que disculparse por abandonar el género histórico, que es serio y respetable, por el thriller. La verdad es que la mala propaganda consiguió intrigarme y empecé a leérmela en cuanto acabé de descargarme el archivo.

Teo tenía razón; no era como sus otras novelas. Eso no quería decir que fuese mala; tenía la principal virtud que debe tener un thriller: engancha y se lee casi de una sentada. Acostumbrada al rigor histórico con el que había trabajado en “Hijos de Heracles” (Edhasa, 2010) y “La predicción del astrologo”(Ediciones B, 2013) no me extrañó encontrar documentación rigurosa, lo que me sorprendió gratamente es que no entorpecía la narración. Las escenas de la catedral casi puedes verlas, la descripción y la acción están perfectamente integradas y eso ayuda mucho a meterse situación. Yo soy de Sevilla y además he trabajado bastante tiempo de guía turístico, y me encantó; hay algo de fotográfico en los textos de “El Collar Maya”, de buena fotografía, cuando las sombras toman forma y lo sugerido es más interesante que lo que muestra la luz.

Y aun así, tengo que revelar que no es lo más me ha gustado. Lo que más me ha gustado tiene nombre propio: Ireri Dávila. Tengo debilidad por las protagonistas femeninas, sobre todo si están bien construidas. Tal vez cumpla un poco el tópico de la mujer hermosa y solitaria que se ve enfrentada a una situación extrema (se ve que las protagonistas feas son cosa mía), pero Ireri no es una dama en apuros. Aunque no sea una heroína de acción es inteligente, es resuelta y está emocionalmente muy bien desarrollada como personaje. Es verosímil y te llega al corazón. Sus compañeros masculinos no se quedan atrás, pero Ireri te llega, es el motor de la novela.

Teo decía que la novela tenía una necesaria fecha de caducidad debido a la fecha de apocalipsis maya. Yo no lo creo, porque su protagonista trasciende la profecía. Querrás conocer el desenlace de su aventura incluso cuando el 21 de Diciembre de este año quede muy lejos.

Es además una gran compra, por 4.50€ euros te llevas: La novela en varios formatos (PDF, epub, movi), un archivo con el making off de cómo se editó la novela, un plano de la catedral de Sevilla y parte del material con el que Teo dio forma a la obra, incluyendo la ficha de alguno de sus personajes o el resumen original de los capítulos. Un material que completa la novela, los extras son interesantes y te revelan mucho de ese entramado que se construye cuando escribimos. Así que creo que el “El collar Maya” da mucho por muy poco. Se agradece en los tiempos que corren.

El Collar Maya es una extraña boda entre thriller y novela histórica, quizás esa sea la clave del éxito.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Que todos los días sean días de boda


El sábado veintidós de Septiembre se casó una de mis mejores amigas y la muy incauta me pidió que dijese algunas palabras en su boda. Seguramente no os lo creeréis pero lo de hablar en público no es lo mío.  Una cosa es charlar sobre libros, que es un tema que manejo y otra muy distinta arruinar una boda delante de un montón de desconocidos…Además estaba el problema de pensar que decir. Me pasé casi un mes dándole vueltas, desechando borradores. Al final escribí esto varias horas antes de la ceremonia, hay palabras que no deben pensarse demasiado porque viven con nosotros, son sinceras, son honestas y no necesitan adornos.

No creo que lo supieran cuando eligieron su fecha de boda pero coincide con una de las celebraciones más importantes de calendario celta: el Mabon, la fiesta de la cosecha (y con el cumpleaños de Bilbo Bolsón, si alguien se hace invisible en mitad de la fiesta, que nadie se extrañe)
El caso es que los celtas celebraban esta fecha por todo lo alto, es el momento de disfrutar de lo que se ha sembrado durante el verano. Es una fecha de buena fortuna, una fecha propicia. Tampoco es que importe mucho porque ellos no necesitan buenos augurios, basta con conocerlos un poco para saber que es una de esas parejas que envejecerán juntas. Porque se cosecha lo que se siembra y ellos han sembrado bien.
No puedo deciros gran cosa, estoy convencida de que ni siquiera deberíais haberme escogido para hablar en una boda. Porque todos esperan que en estas ocasiones de hable del amor, se digan cosas sentimentales y se hagan halagos de la pareja. Y yo del amor sé que muy pocas cosas, sé lo que no es. Que no os mientan los poetas ni las canciones románticas: las mariposas en el estomago no duran, los fuegos se doman, los años pasan, la rutina es el enemigo. Pero vosotros eso ya lo sabéis, sabéis que el amor está al volver a casa día tras día y saber que tu casa no son las cuatro paredes que te acogen, si no la persona que vive contigo. Ese el amor que habéis sembrado. Esa es vuestra cosecha, y lo será año tras año. Cuando os miréis a los ojos y veáis vuestro hogar en ellos.
No es hoy el día de vuestra primera cosecha, pero será la que más recordéis. Y os darán calor si el invierno acecha en vuestras vidas.
No voy a desearos que seáis muy felices porque no hace falta. Ya lo sois. Y lo seguiréis siendo.
Solo voy a desearos que tengáis muchos años por delante para disfrutarlos.

Y yo, que no tengo casa, que ando sin rumbo ni cosecha admiro lo que habéis logrado.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Curiosidades en torno a la Ouija



Este pasado sábado hablaba con unos amigos de fantasmas y casas encantadas. Soy más bien escéptica con ese tema, por eso cuando sale en la conversación yo siempre suelo hablar de fraudes y falsas leyendas urbanas, aunque tengo que reconocer que me encantan ese tipo de cuentos. Supongo que a todos nos gusta pasar un poco de miedo y que aceptar que no todo lo que brilla bajo el sol es completamente racional le da una dosis de misterio a la vida que la hace más interesante.

Desgranando anécdotas y leyendas recordé una vieja casa en la Avenida de la Cruz de Campo, la clínica del Dr Guija (os juro que se llamaba así) que cuando yo era una intrépida adolescente estaba en un estado lamentable. Había sido una institución psiquiátrica hasta principios de los años setenta, cuando se cierra y cae en el abandono. Tras eso se convirtió en carne de leyenda urbana y una especie de tradición para los jóvenes de Nervión era colarse dentro alguna noche a explorar “la casa maldita” de la que se decía lo típico: gritos, apariciones en las ventanas, cuerpos enterrados en el jardín. Las distintas historias hablaban de horribles experimentos psiquiátricos sembrados de muertes efectistas y almas de chiflados que volvían del más allá para quejarse del tratamiento médico. Igual que los jubilados, pero versión paranormal.

Como buena nervionense me colé una noche en la casa del mal con mis amigos, el peligro real por aquel entonces era que las ruinas eran la residencia habitual de muchos drogadictos y sin techo, que dejaban aquello sembrado de porquería y que además no eran cariñosos con las visitas. Además el sitio estaba en un estado lamentable. En resumen: pa habernos matao. Recuerdo que quitando el miedo típico y la risa tonta, nadie sintió nada (el hormigueo típico de las hormonas, cosas de la edad) no escuchamos nada, y que aunque es cierto que a la luz de la linterna la vieja clínica era más tétrica que un decorado del Resident Evil, allí pasó bien poca cosa digna de comentarse. Se quedó justamente en lo que fue: un recuerdo de nuestras alocadas juventudes.  A principios de siglo XXI el ayuntamiento lo convierto el sede del distrito y hoy es un sitio precioso, en el que nadie ha visto nunca un mal fantasma. Con las obras no parecieron restos humanos de ningún tipo y si hay mal karma entre sus paredes es por motivos muy mundanos. El caso es que la casa del Dr Guija me llevó a pensar en las tablas de la oija, un elemento perturbador y casi obligatorio para una buena historia de fantasmas. Un objeto muy curioso, que en EEUU se vende en las jugueterías y con un origen casi desconocido para la mayoría.

La tabla de la oija es patentada el 28 de mayo de 1890 en Baltimore, Impulsada por el interés que habían despertado en EEUU dos farsantes de cuidado: las hermanas Fox (que años después confesaron que tenían montado un buen tinglado con trucos de luces y demás parafernalia para limpiar bolsillos) . La patente declara a Elijah J Bond como su inventor y a William H. A Muapin y Charles W Kennard como sus socios capitalistas. En 1891 se funda la Novel Kennard Company que comienza a comercializar las tablas. Los americanos aprovechaban así el gusto por el espiritismo y las sociedades esotéricas que reinaba en el s XIX. Se limitaron a copiar una de las famosas “planchetts” que se usaban ya en Europa para comunicarse con los muertos. La más famosa fue diseñada por M. Planchette, un espiritista francés, en 1853 y consistía en un pequeño corazón de madera dotado de ruedecitas y con un lápiz en la punta que servía para escribir los  mensajes recibidos del más allá entrando en estado de escritura automática. Ni que decir tiene que los mensajes eran en su mayor parte ilegibles y cuando lo eran resultaban un poco crípticos. A la Pitia la dejaban a la altura del betún.

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Artilugio de Planchette 


Los americanos usaron como nombre la palabra “Ouija”, supuestamente oui y ja,  que significan “Si” en francés y en alemán. Aunque ellos aseguraban que era una palabra de origen indio. También aseguraron, al igual que los espiritistas europeos, que los orígenes de su tabla se remontaban a los tiempos del antiguo Egipto (la egiptología estuvo muy del modo en el siglo XIX y muy ligada a lo esotérico) Al parecer los egipcios usaban un péndulo que hacían oscilar sobre una tabla grabada con símbolos jeroglíficos. Aunque no hay constancia de ningún tipo de semejante artificio, como no la hay del que, también supuestamente, inventó en el año 540 A.C Pitagoras, y que es idéntico al de Planchette.

El caso es que el invento empezó a venderse con tanto éxito que llegaron a hacerse joyas e incluso se vendía con una mesa “apta” para la mejor canalización de las energías del más allá. Ya no necesitabas ser un médium, cualquier hijo de vecino podía hablar con el espíritu de su difunta abuela y preguntarle donde había dejado escondidos los ahorros. Las historias que empezaron a circular respecto a tal artilugio, la mayoría espeluznantes, no hicieron sino aumentar su popularidad, las ventas crecieron como la espuma hasta la llegada de la 1º Guerra Mundial, entonces por primera vez después de muchos años de prospero negocio comenzaron a decaer…la muerte se había vuelto algo demasiado real y la gente ya no tenía ganas de jugar con ella. A pesar de eso nunca dejaron de venderse.
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Joyeria vintage inspirada en la ouija. Diseño de Miss Nebel


¿Es real la Ouija? Decididlo vosotros. Me limito a dejaron un dato: en los años setenta los experimentos del psiquiatra Larry Bayou demostraron que si en una sesión de ouija, tapas los ojos a sus participantes, o les impides ver las letras del tablero las secuencias de palabras son erráticas y no formaban ni una sola palabra. Y otro dos datos curiosos:

-No se forman palabras si no hay dedos sobre el cursor
-Las palabras se forman más deprisa cuando su significado empieza a  quedar claro para “los médiums”

A esto se le llama efecto “ideomotriz o miokinetico” y ya fue descrito por otro psiquiatra, William Carpenter en 1882, cuando la ouija aun no existía como tal, pero ya había muchos tunantes de lo paranormal.
A día de hoy la empresa que posee la patente de la ouija es Hasbro, que la vende como juguete apto para todas las edades.