miércoles, 6 de febrero de 2013

Así vivimos


Los libros son caros. Las películas son caras. El teatro es caro. Los discos… Los discos ya no los compra nadie.
Quizás yo no deba ser quien juzgue los precios de las cosas, ya que ahora mismo casi todo está fuera de mis posibilidades, lejos de lo que me permiten mis escasos ingresos. De cuando en cuando me doy un lujo y voy al cine, tengo que elegir muy bien la película que quiero ver y si no me gusta me siento profundamente estafada y, sobre todo, me siento pobre. Antes nunca salía del cine pensando: “que manera de tirar el dinero”. Añoro esos días.
Estoy en una situación absurda. Por un lado me siento afortunada, soy una privilegiada: me han pagado un adelanto por “La Corte de los Espejos” y si lo estiro bien me sacará del apuro unos meses mientras espero que las clases de narrativa que imparto acaben de despegar o a sacar otro libro que me mantenga en la cuerda floja. No me quejo, tengo alumnos pero no puedo hacerme buena publicidad, no me conoce nadie. Cuelgo carteles en las universidades (que tengo que restar de mis ingresos) y uso las redes sociales con pies de plomo, tratando de no convertirme en spam molesto que nadie quiere leer. No puedo pagar espacios de publicidad, no puedo pagar a un publicista. ¿Sabéis por qué? Porque los publicistas no trabajan gratis. Nadie trabaja gratis.  No puedo llamar al fontanero, pedirle que desatasque mi WC y luego decirle: “Bueno, no te voy a pagar, pero te recomendaré a mis amigos y de paso has engordado tu curriculum. Esto es bueno para los dos”. No puedo ir a la panadería, coger el pan y decir: “Le contaré a todo el mundo que hacéis un pan estupendo, a ver si tenéis suerte”. Eso me lo dicen a mí. A todas horas.
“¿Quieres participar en mi antología de relatos? No te puedo pagar pero así te haces publicidad”. “¡Cómo! ¿Las clases de narrativa hay que pagarlas? No me voy a apuntar, es que pensé que era un taller gratuito”. “Pues en tu blog escribes gratis”. La gente está empeñada en que viva del aire, o peor aún, considera que escribir solo es una profesión si eres periodista. Que como esto de las teclas lo hago por gusto, no puedo ganarme la vida con ello. Y es cierto, lo hago por gusto, pero quiero pensar que no soy la única profesional con vocación. Y así vivimos los escritores, en un 95% de las ocasiones, pluriempleados, robándole horas al sueño, a la familia, a los amigos. Alegrándonos cuando recibimos un adelanto por una novela, aunque sea mínimo, y aceptando con la cabeza gacha que en este país solo unos pocos afortunados del olimpo de las letras tienen el privilegio de vivir de su trabajo. A veces regalamos, mal vendemos nuestro tiempo y nuestro esfuerzo.
Así viven ilustradores, actores, músicos, bailarines… Soñando que alguna vez pagaremos las facturas con la profesión que elegimos. Luchando contra viento y marea con la excusa que se dan muchos frescos de que la cultura debería ser gratuita. Ofreciéndonos bolos, espacios de exposición, charlas… que no nos van a pagar pero que “nos darán a conocer”.
Y lo peor es que muchos aceptan. Y así vivimos.

10 comentarios:

Ricard dijo...

Completamente de acuerdo niña mía.

Lo que más gracia me hace es que aún hay quien piensa que los que escribimos somos millonarios

Nicasia dijo...

¡Anda ya! Si tú con Aquelarre estás forrado.

Verzobias dijo...

Y pensar que yo tuve que dejar las bellas artes, la ilustración, que hasta me reciclé en animador de dibujos... y con los años me he decantado por la escritura (estoy en ello). Debo ser lo peor...
De todas maneras te comprendo perfectamente. A los dibujantes nos pasa igual; que les hagamos un dibujo gratis, que eso es publicidad y experiencia para nosotros.

Anabel Botella dijo...

Cómo te entiendo. Yo soy actriz y escritora, dos profesiones que adoro. Ahora, no quiero trabajar de otra cosa. Esto es lo que sé hacer, para bien o para mal.

*Inés* dijo...

Después de que medio mundo me odie por defender mi trabajo, sólo puedo decirte que gracias por esta entrada, que gracias por expresar lo que siento y lo que nadie parece entender.

Laura S.B. dijo...

Hagamos una ONG, Escritores sin Fronteras.

Il NeuroDoktore dijo...

Madre mía, cuánta razón tienen tus palabras! No hay nadie que viva del aire, disfrutáis con vuestro talento (y nos hacéis disfrutar a muchos) pero necesitáis ingresos para seguir.

Ánimo!

Daniel P. Espinosa dijo...

Cierto, todos se piensan que como nos gusta escribir, con eso ya estamos pagados, que qué suerte tenemos de hacer lo que nos gusta. Y se ve mal que queramos cobrar algo que supone meses de trabajo... ¿No se paga a la gente que trabaja, sea en una oficina, una tienda o una obra? Pues eso.

Anónimo dijo...


En cierta forma me sucede lo mismo. Trabajo como tarotista, terapeuta holístico, etc.

Cuando pido la voluntad tras una tirada que como poco suele durar 40 minutos y me dan 4, 5 o nada de euros...Porque no pueden... Pues sí, te sientes bien porque has evolucionado, estás haciendo el bien etc. Pero también tengo facturas.

Me da que nosotros mismos nos valoramos poco y eso es parte esencial del problema. Minusvalorados y mal pagados. Ánimo, debes creer que lo que haces es muy bueno y que debe costar algo a los demás porque si no, esto no funcionará nunca.

Un saludo. Jóse

Àngela Montaner dijo...

Sí, te entiendo. A los traductores nos pasa igual, sobre todo a los autónomos. Total, si solo es leerlo y escribirlo en tu lengua, si luego diréis que eso es trabajo... siempre la misma cantinela.

Me apunto la del fontanero para el próximo listillo que me venga ;)