sábado, 17 de septiembre de 2011

Jornada de reflexión

Ayer fue mi primera sesión de Biblioforum. No puedo decir que sea precisamente una novata en lo que hablar en público se refiere; he sido guía turística cuatro años. Estoy acostumbrada a ser el centro de atención de un grupo de gente. Era un trabajo que disfrutaba, precisamente porque me gusta el trato con el público. Me gustaba que me hiciesen preguntas. Al acabar me sentaba en cualquier lugar tranquilo con una lata de Coca-cola y repasaba la visita: me apuntaba las preguntas a las que no había sabido responder para buscar la información, y repasaba los puntos flacos de mis explicaciones. Cuando me propusieron lo de Biblioforum pensé que no sería demasiado distinto y no se me pasó por la cabeza que hubiese algún motivo para ponerme nerviosa. Simplemente, ni se me ocurrió pensar en ello.

Lamentablemente la semana antes al “Día B” estaba hablando con Ismael del tema de la primera jornada “Libros que cambiaron nuestra vida”, la idea era que me dijese que le parecían los libros que había escogido. Fue crítico y objetivo, como siempre me dio una opinión bastante certera y algunas cosas en las que pensar. Hasta aquí todo bien, lo que no me esperaba era que el muy traidor me diese un beso en frente y soltase “Tu primera aparición como autora, que orgulloso estoy”.

Tragué saliva como quien traga hormigón a medio cuajar. Y después de eso mi presencia de ánimo se fue por el sumidero. Esa noche no pegue ojo.

No pienso en mí como una “autora” o “escritora”. Al menos mientras mis únicos méritos sean los de ser traductora de obras muy menores (por decirlo con cierta diplomacia) y módulos de rol infumables (esos ni hay modo de suavizarlos ni merecen perdón divino) me parece absurdo pensar en esos términos . De hecho me considero más una “eterna debutante” muy entusiasta y poco más. Soltarme lo de autora fue un golpe bajo. Comprendí que esto no era como enseñarle un monumento a un grupete de afables jubilados. Nadie espera gran cosa de los guías turísticos, la mayor parte del público consideran que son un grupo de enteradillos con mucha labia que cuando no saben algo se lo inventan. En un buen número de casos no les falta razón. Sin embargo lo de “autor” tiene otro peso, la gente espera que seas capaz de hacer una aportación interesante, te confieren cierta dosis de autoridad porque al parecer escribir es una cosa seria y sesuda. Y lo es. Lo malo es que yo soy cutre hasta para eso y solo escribo para sacarme cosas de la cabeza, porque me gusta la albañilería de las palabras.

Pensé en mis compañeros de aventura. Los padres fundadores del Biblioforum Fue peor el remedio que la enfermedad:

Pepe Carrasco es escritor desde antes de que yo entrase en la universidad, es autor de “El Capitán Nadie” y “El regreso del Capitán Nadie” entre otros. Sus libros se han leído en un montón de colegios e institutos, es profesor y tiene muchísima experiencia en estas lides.

Juan Antonio Caro Cals es autor de la novela que me hubiese gustado escribir a mi “Señores de godos”, además de ser una de las personas más lúcidas que he conocido y un tipo muy inteligente.

Y Francisco Pérez de la Parte es, ni más ni menos, que el flamante ganador del premio Mondadori de narrativa juvenil del año pasado. Ahí es nada.

No hay color, mi único merito en este asunto es que les ayudé a encontrar un sitio digno para que el biblioforum siguiese su andadura un año más. Algo que antes o después hubiesen conseguido sin mi ayuda. Con estas perspectivas decidí ceñirme a esa tarea, la de lograr que los efectos técnicos de la reunión fuesen impecables, que la sala fuese decente y tuviésemos a mano todo lo que nos hiciese falta. Que menos que ser útil.

“El día B” Amanecí como si me hubiese tragado un cubo de cebo vivo y los gusanillos se retorciesen en mis tripas con la saludable intención de escaparse por el agujero mas inadecuado. Para añadir un toque de alegría y de color a la jornada, mi ciclo lunar decidió empezar sus jornadas más ingratas y anunciarlo con un glorioso dolor de riñones. Mi intención era desayunar, comer acabaría con esos pequeños cabrones vermiformes. Eso siempre que hubiese algo en mi frigorífico que me apeteciese, que no era el caso. Se venía venir una mañanita de esas de subirse por las paredes, por suerte me llamaron del CICUS (otra vez) y me dijeron que necesitaban ultimar unos detalles de la sala (otra vez). En eso se me fue toda la mañana, por el lado bueno no me dio tiempo a pensar en gran cosa.

Para cuando llegó la hora, lo único que me mantenía de pie era la hiperactividad. Menos mal que mis niveles de adrenalina son inhumanos, la mayoría de las veces es una mierda. Ayer, eso y un umbral de dolor a la altura de la Giralda me vinieron de perlas. Si hubiese podido dejarme los ovarios en una caja hubiese sido perfecto. Pero la perfección no existe, es algo a los que solo podemos aspirar. De todos modos lo que me ayudó a sentarme en aquella silla, frente a unos fantásticos asistentes fueron mis compañeros. Llegado el momento los nervios brillaron por su ausencia, no me preocupaba nada, porque simplemente estaba disfrutando de su compañía y me lo estaba pasando bien.

Tal vez mis intervenciones no fuesen brillantes, no lo esperaba. Ahora estoy en fase de reflexión para adecentarlas de cara al mes que viene. Esta vez lo espero con ganas, porque sé que he encontrado a una gente maravillosa, unos compañeros de aventura que son un regalo.

No me canso de decirlo, lo mejor de escribir “La Corte de los Espejos” es la gente que me ha hecho conocer. Así que chicos, gracias por todo.

jueves, 18 de agosto de 2011

El broche

“Creo en las hadas” decía cuando era niña, y a su alrededor los adultos se reían y halagaban su inocencia, pensando en sus propias infancias, en sus juegos secretos, en los amigos invisibles que habían creado y perdido con el paso de los años. Y la niña creía en las hadas, en el ratoncito Pérez y en los Reyes Magos porque ese es el derecho y el privilegio de la infancia. Le regalaban libros de cuentos con vistosos dibujos, escuchaban sus historias y halagaban su imaginación desbordante, la chispa de su vivacidad.

Fue creciendo, casi a traición dejó de ser una niña

Y ella aun creía en las hadas, no del mismo modo. No esperaba encontrar un círculo de setas, ni una diminuta danza a la sombra de un jardín misterioso. Pero creía en la magia de contar una historia, de crear un mundo solo con palabras. Algo que preocupaba a sus padres y ya que casi nadie encontraba divertido “Esto no te lleva a ninguna parte” le decían muy serios “Céntrate, no puedes pasarte la vida con la cabeza en las nubes” Ya no le regalaban libros de cuentos, aunque ella los compraba de todas formas, porque seguía necesitando sucesos extraordinarios de vez en cuando. Aunque nunca decía en que creía, ni que esperaba. Guardaba esos pensamientos para si misma, solo decía lo que esperaban que dijera una mujer de su edad.

Un día encontró un broche en una tienda. Era la fotografía de un hada vestida únicamente con sus cabellos, con unas alas de mariposa listas para echar a volar, enmarcado con un bonito marco de plata. Compró el broche de inmediato y se lo puso en la solapa de su abrigo, sobre el corazón. Y en silencio, a pesar de los años, siguió creyendo en las hadas.

martes, 26 de julio de 2011

Literatura

Quiero dejar testimonio para que nadie digo que no les advertí:

Señores, escribir no es sano. Si alguna vez tenéis algún familiar o conocido (alguien cercano a quien apreciéis realmente, a los demás que les den candela) os dice que pretende meterse seriamente en el mundo de las letras, por piedad hacía su persona lo mejor que podéis hacer es soltarle un chorro de matarratas en la sopa para dejar que se reúna con el olvido entre horribles dolores y, a ser posible, maldiciendo vuestro nombre y el de la madre que os parió. Porque escribir es una santa mierda; para empezar nunca estas del todo feliz con el resultado y crías todo tipo de inseguridades, no importa cuanta gente os diga que lo estáis pariendo en letras es cojonudo, hay ocasiones que quieres romperlo todo y dedicar tu vida al tetris. Luego vendrán los momentos en los que solo puedes pensar en lo que estas escribiendo, piensas mientras friegas los platos, mientras te duchas, cuando duermes (o cuando directamente no puedes dormir) y escribes. Escribes porque lo necesitas, porque tienes algo en tu cabeza que quiere salir y le importa un carajo si para hacerlo se te lleva por delante.

Pensadlo bien antes de intentarlo; tantas y tantas horas de tu vida que podrías usar en otra cosa, tantísimo esfuerzo que quizás se quede en nada porque que te guste escribir no implica que tengas talento y que tengas talento no asegura que tu obra llegue jamás a ningún lado. Pensad en autores como Howard o Kennedy Toole, que se suicidaron convencidos de que su amor a las letras no era correspondido. Que si, que tras la muerte el tiempo los puso en su sitio, pero para entonces las malvas que criaron estaban a su vez criando malvas. ¿Por qué digo esto?¿Quiero desmoralizaros? No, quiero advertiros. Esto engancha más que respirar, no puedes evitar hacerlo. No importa lo negras que os cargue las tintas, si os gusta escribir, escribiréis. Hacedlo solo por eso, no esperéis recompensas, no os pongáis más meta que encadenar palabras y tal vez logréis un momento de calma, ese que os da el tener en vuestras manos un párrafo perfecto y saber que es vuestro, total y completamente vuestro.

Tal vez ni eso os libre de meteros un tiro entre las cejas, pero al menos moriréis con una sonrisa en los labios.

jueves, 16 de junio de 2011

Odiosas comparaciones

Fue uno de esos encuentros totalmente fortuitos. Dentro de esta categoría solo existen dos clasificaciones posibles: los que te alegran y los que no. Este era de los segundos, en una escala de entusiasmo que todos podáis entender hubiese preferido que el tranvía me atropellase lentamente antes que encontrármela a ella. El caso es que yo estaba en la Fnac, canturreando algo mientras miraba un libro muy caro con un titulo tentador “la simbología en la pintura” y soñaba despierta pensando lo bien que estaría poder comprarlo cuando apareció ella. Apareció de la nada, sin avisar, sin anestesia, a traición. Toda sonrisas y frases cariñosas. Ella, que mientras fuimos compañeras de clase no se había dignado ni a escupirme a la cara. Ella, que me era totalmente indiferente. Decir que me sorprendió aquella reacción tan amistosa sería casi un eufemismo, pero como no hay una manera mejor de describirlo sin usar palabrotas dejaremos mi reacción en sorpresa. Elegancia ante todo.


-¡Hola Conchi!


Odio que me llamen Conchi, o Conchita. Mis padres no me pusieron este nombre para empeorarlo aún más. Sonrio, una de esas sonrisas con demasiados dientes que en realidad significa que esperas que el infierno se abra y te trague. De inmediato me doy cuenta que esto no se va a limitar a un saludo formal con su correspondiente “me he alegrado mucho de verte” y su mutis. No tendré tanta suerte, se ve a la legua que quiere charla. Sonríe acarameladamente y después de soltar la ristra de formalidades habituales en estos casos dispara sus autenticas intenciones a bocajarro.


-Oye, me he enterado de lo tu libro. ¿Qué bien, no?¿Como lo llevas?


Nueva sonrisa forzada, mismo deseo de que me caiga encima un piano. No me pregunto como sabe eso, forma parte de ese tipo de personas que siempre está al tanto de todo sobre todo el mundo. No quiero hablar del tema hasta que sea cosa hecha porque sería vender la piel del oso de antemano y con ella eso podría tener como consecuencia futuros terceros grados. No, antes que me viviseccionen con una cuchara de plástico. Hay que cambiar el tercio de la conversación, necesito pensar algo. Rebusco en mi cerebro y hago la peor pregunta del mundo.


-Bien, bien. Ya sabes muchas horas delante del ordenador. ¿Cómo van tus escritos?


Imposible seguir la narración sin soltar un taco: Soy gilipollas. Me mira ofendida y me doy cuenta dos segundos demasiado tarde de que acabo de meter la pata. Ella interpreta que yo desde el podio de mi éxito literario (lo que ella interpreta como éxito literario, porque a día de hoy ambas estamos empatadas a cero en el marcador de libros publicados) estoy tratando de humillarla al preguntarle por su eterna novela. En realidad intentaba escaquearme de una pregunta, tratando de no meter la pata acabo de cubrirme de gloria. Brillante estrategia.


-Acabé hace unos meses-Me contesta en un tono totalmente gélido- Ahora la estoy revisando, pero creo que la voy a traducir para mandarla al extranjero, o igual la sacó directamente en digital. Es una literatura que no está hecha para el gran público. No es para todo el mundo, como la tuya.


Ya estamos con los concursos de quien mea más lejos. Asiento con diplomacia, le deseo suerte y calculo la distancia que hay hasta las escaleras mecánicas. Igual si doy la espantada puedo huir antes de que se recupere de la sorpresa. Imposible, tuve que aguantar media hora eterna sobre las injusticias del mundo editorial y lo incompetente (o ruin) que es esta industria. La amarga lucha del artista contra el sistema opresor y mercantilista. Que me vas a contar


-Tú has sido más lista. Has escrito lo primero que te ha venido a la cabeza y te ha salido bien.


-Si, soy un genio del marketing-Contesto sin entusiasmo


¿Colará si la mato y alego defensa propia? Como no estoy segura, me despido y me largo. Ya no quiero comprar libros, ahora prefiero averiguar cuantas frases soeces puedo construir sin repetir adjetivos. Os aseguro que muchas


Nunca he estado dispuesta a entrar en juegos de roces y envidias, de celos infundados y todo lo que acarrean. No me creo en condiciones de mirar por encima del hombro a nadie y menos a raíz de lo que cada cual pueda considerar como “literatura digna” o aun peor “arte”. Si quiere jugar a la artista maltratada me parece perfecto, toda actitud es respetable, pero que me deje al margen. Hay mucha otra gente mejor dispuesta a entrar en estos eternos debates, que por otra parte son como vaciar el mar con un cubito; entretienen hasta que te das cuenta de que no vas a ninguna parte.


Tal vez mañana una editorial decida hacer justicia cósmica y publique su obra, entonces podrá volver a mirarme desde la cumbre de su excelencia y yo me quedaré exactamente donde estoy. Ambas seremos más felices, se restablecerá el orden del universo. Ella luchando duramente con las arduas metas de la “alta literatura” y yo en mi casa echándole horas al ordenador sin más pretensión que acabar mis historias y tener la inmensa suerte de haya quien las lea. Que perduren o no. Que sean éxitos o fracasos. Eso ya escapa de mis manos. Solo espero que no llegue el día en que necesite compararme con nadie para sentirme “artista”. Si llega, por mi propio bien, matadme.

lunes, 13 de junio de 2011

Señores de godos

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Ponerte a escribir tu primera novela nunca es fácil. Pero para decidir que vas a escribir tu primera novela, que va a ser una novela histórica y que encima vas escribir sobre la hispana visigoda (un periodo histórico que no es que esté precisamente bien documentado) hace falta tener valor. Hay tanto ejemplo de mala novela histórica medieval o pseudo medieval que no me voy a molestar ni en citarlos, seguro que a todos se os ocurren al menos tres muy malas novelas de ese periodo. Lo difícil es dar con las buenas y no deja de ser paradójico que precisamente una época tan interesante, tan rica y que ofrece tantas buenas posibilidades para todo se desperdicie tanto. Aunque esto tiene explicación: suelen ser novelas mal documentadas en las que el autor acaba por hacer ciertas concesiones, normalmente innecesarias, a favor de la historia y que terminan convirtiéndose en pastiches difíciles de creer. Es mucho más raro, aunque también los hay, lo que son tan firmemente fieles a los datos que al final son casi ensayos históricos. Muy rigurosos, eso nadie lo niega, y también muy aburridos. Encontrar el equilibrio entre rigor histórico y entretenimiento es complicado.

Juan Antonio Caro Cals decidió que iba a escribir una novela histórica, situada en el reinado de Atanagildo (551-567). Periodo que a mí en la universidad me fascinó y también me hizo sudar tinta porque no es que sobren las fuentes documentales. Bueno yo siempre digo que la gente que se pone a estudiar ingeniería o arquitectura estan todos un poco locos y él es arquitecto así que... El caso es que se lió la manta a la cabeza, se pasó un par de años documentándose y luego se puso a escribir su primera novela. Con dos cojones. Conozco a poca gente capaz de hacer eso. “Señores de godos” está MUY bien documentada, tiene las concesiones justas y sobre todo engancha. Empecé a leerla una noche en la que estaba saturada de corregirme a mi misma. El plan era leerme solo las primeras páginas para ver como pintaba. Esa noche me acosté a las cuatro de la mañana. Me leí la primera parte del tirón porque sencillamente no podía parar. En una semana me la había terminado las casi quinientas paginas.

Me gusta como escribe, el lenguaje y la corrección de los diálogos te ponen en situación sin esfuerzo. Está llena de pequeños detalles que logran que te acerques a la narración y tiene algunos personajes a los que llegas a coger cariño ( y dos de ellos a los que terminas odiando profundamente, pero bueno, para eso están) además tiene buenas escenas de acción, muy épicas. Ya sabéis que a mi me gusta mucho una cuchillada en el momento oportuno.

Brándila de Ravena es un ostrogodo(casi dos ostrogodos)un pelín picto superviviente de la invasión de Italia por parte del ejército bizantino de Justiniano. Un tanto bruto a ratos y a ratos sorprendentemente divertido. Brándila es un tipo complejo y muy, muy humano que un poco por rencor, un poco por amor y otro poco porque no le tiene mucho cariño a la vida se acaba convirtiéndose en una pieza clave para frenar el avance de las tropas de Justiniano en Hispania. Pero “Señores de godos” no es solo su aventura. Otros personajes se verán arrastrados por su estela y gracias a sus andanzas pasearemos por una península en la que el recuerdo del imperio romano se desmorona. Una época se ha terminado y otra no acaba de cuajar.

jueves, 2 de junio de 2011

Crónicas de Dracontrand: El guerrero elfo

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Parecer ser que en las altas esferas literarias alguien decidió hace tiempo que la literatura fantástica se constituía por textos de baja calidad y argumentos pueriles, decidió que su temática estaba agotada y que, atendiendo a estos hechos irrefutables, su destino era el publico infantil, como si precisamente este público fuese poca cosa.Me gustaría que algún día uno de esos misteriosos gurús que deciden que es literatura digna y que no lo es tropezara con “El Guerrero elfo”. Posiblemente se tragaría sus palabras.

“Las crónicas de Dracontrand: El guerrero elfo” Es un titulo de esos que hace que los listillos levanten una ceja y piensen “Vale, ya estamos con los tópicos de siempre” pero su autor, Francisco Paula Pérez de la Parte (bonito nombre para un caballero del Siglo de Oro), ganó el año pasado el concurso de narrativa juvenil de Jaén y su libro está editado por Random House, que no es moco de pavo. Solo por eso ya merece la pena dejarse los prejuicios en casa y echarle un vistazo. Y si lees las primeras paginas, que son preciosas y muy tiernas nos damos cuenta que estamos lejos de un libro típico. Puede que tenga que los elementos del genero de espada y brujería: elfos, enanos, dragones…pero “El Guerrero elfo” va más allá. Elán es un gran personaje, nada que ver con los héroes solitarios y altivos que ni sienten ni padece. Es un tipo entrañable que se preocupa por los que lo rodean con un gran realismo de sentimientos, podemos comprender sus motivaciones. No es un caudillo épico sino un buen chico desbordado por los acontecimientos que quiere volver a su casa, que quiere a los hacen bien y no llega a odiar a los que le hacen mal. Es bondadoso pero no tonto. La verdad, acabas por cogerle mucho cariño.

El libro está además bien escrito, siempre me alegro de encontrar un libro que se pueda disfrutar a cualquier edad. El lenguaje, las descripciones, la creación de los personajes son impecables. Todo encaja, no hay más cabos sueltos que los necesarios. Quizás echo de menos un poco más de impacto en las escenas de acción pero ya sabéis que yo soy un poco carnicera para estas cosas. En resumen: se acercan las vacaciones y querréis leer cosas entretenidas ¿Qué puede ser mejor para evadirse de los calores que una dragona de nombre complicado y aliento gélido?

lunes, 23 de mayo de 2011

Feliz Cumpleaños

Hace tres años que escribo este blog, antes de que me animasen a compartir el particular universo de la Corte de los Espejos yo ya escribía (cuentos principalmente) y sobre todo me contaba historias a mi misma. Soy una yonki de letras y pese a que me quejo de las noches en blanco, de las horas que les robo a parientes y amigos, de la frustración de no acabar de alcanzar lo que realmente quiero decir, del sin fin de inseguridades de todo tipo y de eterna maraña de dudas, debo confesar que mi caso no tiene remedio y que no creo que exista rehabilitación posible. Al igual que el viejo ermitaño de “La Historia Interminable” escribir es lo único que puedo hacer para ser yo misma.

Ahora mismo estoy en una encrucijada de caminos y como todo buen cruce (ya sabéis ese momento de inflexión que hay en cada historia, ese punto de no retorno) exige tomar una decisiones. No creo que pueda hacer trampa como en los libros de “elige tu propia aventura” y volver páginas a tras para averiguar que puede pasar si en lugar de la puerta verde, elijo la roja. La vida tiene el defecto de ser unilateral la gran mayoría de las veces. Ya he tomado mis decisiones y ahora tengo que esperar a ver hasta donde me llevan, aunque la verdad es que si lo miro con cierta perspectiva tal vez las cosas no cambien tanto: pase lo que pase seguiré escribiendo y este blog seguirá cumpliendo años. A veces habrá mas lectores y a veces no habrá ninguno. Por ahora voy agradeceros que llevéis tres años conmigo y que mostréis tanto interés por la Corte de los Espejos. Solo con eso ya me habéis convertido en una escritora afortunada, porque a fin de cuentas las historias solo tienen sentido si tienen un público que las espere. Y vosotros sois el mejor de los públicos. Sinceramente: muchas gracias y feliz cumpleaños